Diego Tatian

¿Qué hacer con una destrucción?. Diego Tatián*

“Destrucción de la destrucción” es la expresión que, en un escrito del siglo XII, empleó el filósofo andalusí Averroes para responder al libro Destrucción de los filósofos, con el que teólogo persa Algazel había defendido la ortodoxia del Islam contra la amenaza del pensamiento griego que introducían los llamados falasifa o filósofos. Aunque sugestiva, se trata de una fórmula –la de Averroes– que designa una imposibilidad cuando la destrucción de la que se trata no es del orden de la teoría sino de las cosas y de los seres.

No nos será pues posible una destrucción de la destrucción que se abatió sobre la economía, la cultura, las vidas concretas, los vínculos y la sociedad argentina en general durante los últimos oscuros cuatro años. No será posible hacer que la destrucción no haya existido; sucedida, no es posible destruirla. Deberemos hacer otra cosa con el estropicio en el que quedaremos sumidos. Por lo que la pregunta urgente es ¿qué hacer con una destrucción como la que el macrismo le propinó a la Argentina?

La obra política se asienta siempre en una renovada disposición para empezar de nuevo, recoger el escombro, levantar lo caído, reconstruir y reparar. Para ello será necesario acuñar una lengua capaz de contener el daño en su real magnitud, aun sin expresión. La destrucción del tejido social, de la autoestima de miles de personas por la caída en la intemperie laboral, de la autonomía política frente a los poderes financieros, de los bienes comunes materiales y simbólicos atesorados por el trabajo y el pensamiento de muchas generaciones, del acceso al alimento y a las más elementales condiciones para afrontar el reino de la necesidad, no agotan todas las dimensiones de la destrucción. Existe una, intangible, del orden de los vínculos, cuya reversión será dificultosa y lenta.

El macrismo sacó lo peor de las personas –lo peor de nosotros. Como una fuerza que se abatió sobre los cuerpos y les hizo hacer cosas que en condiciones normales no harían, decir cosas que en otras circunstancias no dirían, romper lo que si el tiempo fuera otro cuidarían, abandonar lo que hubiera sido necesario proteger, tomar lo que no les correspondía, ejercer la calumnia hasta límites insospechados. El daño mayor se produjo entre los seres, en una dimensión intangible de la vida con otros.

En 1946 Albert Camus escribió uno de sus libros más célebres –La peste– como metáfora de los años de ocupación. Durante el tiempo en que las personas caen presa del mal, o son amenazadas por él, los compañeros y las compañeras, las amigas y los amigos –y no solo los individuos en general– se desconocen y se dañan. Luego, la peste se retira y queda lo que queda. Todo comienza otra vez. Pero el bacilo nunca deja de estar en los resquicios más inadvertidos, en espera de otro momento propicio. La obra democrática es impedir la formación de condiciones bajo las que podría prosperar.

El “difícil tiempo nuevo” por venir será el de un trabajo de reparación de todo lo que la enorme fuerza de daño macrista deterioró. Será necesario reparar las concretas materialidades del reino de la necesidad, pero también -acaso sobre todo- los vínculos entre las personas y de las personas consigo mismas.

Tras la del 10 de diciembre –que será hermosa– el tiempo que se abre seguramente no será de fiesta pero sí de vuelta de la vida en común, de circunspección activa y de reparación. *Filósofo, ensayista. Fue decano de la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, es investigador independiente del CONICET, y docente de filosofía política (UNC). Publicó La cautela del salvaje. Pasiones y política en Spinoza (2001), Spinoza. Una introducción (2009, Quadrata, en Red Editorial), Lo interrumpido. Escritos de filosofía y democracia (2017), entre otros tantos.  


Recomendación

Spinoza.
Diego Tatián.


Acerca de 27 de octubre

Una revista para pensar en la coyuntura electoral los posibles comunes. Una cuenta regresiva hasta la elección. Cada día una nota escrita por amigues diferentes. En cada nota el pensamiento como potencia de lo presente. Y un punto de llegada: fuerza de rebelión y de fiesta para no quedarnos solo con lo que hay.

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