Miguel Benasayag

¿Qué significa resistir hoy?, 2da parte. Miguel Benasayag*

Para resistir hoy es necesario abandonar radicalmente toda idea de triunfo. La resistencia hoy pasa por instalarse en la ciclicidad de la vida y saber que para la resistencia ningún objetivo es el objetivo del triunfo. Cuando nos va bien estamos contentos y cuando no va mal nos la bancamos, pero hay que separar resistencia y triunfo, porque ningún triunfo, ningún logro, por más deseable y justo que sea, es un triunfo para la resistencia. La resistencia, en la dinámica del devenir, va a investir coyunturalmente, situacionalmente, pero el elemento de la intervención no será nunca co-sustancial a la resistencia. Entonces, de alguna manera estamos ganando, en el sentido muy tonto de que, por ejemplo, yo estoy trabajando con tres equipos de biología, con un equipo de artistas, y estamos problematizando un mundo que está completamente saturado por un sentido único, posmoderno, una suerte de devenir divertido de la vida… Cierto, de vez en cuando somos felices, pero si lo buscamos estamos perdidos. Si apuntamos a la felicidad o al placer, ni felicidad ni placer pueden ser otra cosa que un objeto que me haga infeliz y termine por no darme ningún placer. La resistencia tiene que pasar por la complejización de las ideas e imágenes saturadas, nos debemos desarrollar prácticas alternativas.

Resistir es crear. Crear las condiciones de modos de vida más deseables, más potentes que estos. Nosotros trabajamos en los barrios periféricos de París o de Florencia, en laboratorios de experimentación concreta de otro modo de sociabilidad y de modos de captura de lo técnico en nombre de proyectos no técnicos. Por eso es muy interesante estudiar lo que pasa con el arte, porque el arte es, desde mi punto de vista, la única actividad humana donde la técnica fracasa. ¿Por qué fracasa? Porque cuando la tecnología llega a la medicina deconstruye al paciente, deconstruye al médico, deconstruye al hospital. Cuando llega a la sociología, al urbanismo… Donde llega la tecnología (y la macroeconomía, que siempre van juntas) deconstruyen y destruyen todo –deconstruyen en el sentido de que dislocan lo que se presenta como una unidad integrada y tienden a pensar al existente como un agregado de parte, despojado de toda singularidad. La práctica artística es la única que se apropia de la técnica, aún la técnica más desarrollada, para hacer nada menos que las mismas pavadas de siempre. El artista agarra una piedra y esculpe lo que le viene en gana, por supuesto lo que epocalmente puede venirle en gana. Solamente en el arte hay una cantidad enorme de gente que desvía, transgrede, pervierte. Sobre todo pervierte la naturaleza interna de la tecnología. Cuando en un teatro un saltimbanquis pone tres computadoras, un robot, una máquina, un circuito cerrado que muestra cómo el tipo está capturado por la tecnología, es el único lugar en el mundo donde, en realidad, lo humano está capturando la tecnología para un objetivo otro que el tecnológico. Más los coreógrafos belgas muestran esta “artefactualización”, al hombre transformándose en un robot, más están utilizando elementos de la tecnología para fines no tecnológicos. La resistencia, entonces, pasa por la perversión de la tecnología. Hay que poner en conflicto la tecnología que actúa en un sentido único. Hay que arreglárselas para que la interferencia a la tecnología cree una multiplicidad de sentidos.

La resistencia contra la tecnología actual pasa por crear núcleos de disfuncionamiento que obliguen a la tecnología no a recular, sino a diversificarse, porque la variabilidad, la diversificación es el primer síntoma de una organicidad que comienza a colonizar la tecnología (y no al revés), de que la cultura, lo humano, lo vivo, comienzan a colonizar el sentido único y saturado de la técnica y la macroeconomía. Pero ahí se vuelve necesario plantear una diferencia importante entre técnica y tecnología. Por ejemplo, las técnicas de agricultura tradicionales no pueden competir (en el sentido de dar pelea) con las tecnologías genéticas. En ese caso me parece que lo que puede hacer la técnica tradicional es mostrar las fallas de la tecnología agropecuaria. Se puede mostrar que un campo trabajado con técnicas tradicionales es un campo que va a permanecer fértil. Pero para que una resistencia se desarrolle a nivel eficaz con respecto al mundo actual, hace falta no solamente mostrar en negativo lo que la tecnología no logra, sino también introducir fallas en la tecnología. Crear una sinergia entre el desarrollo de una concepción orgánica dentro de la tecnología, con las técnicas orgánicas tradicionales, pero, sin embargo, no creo que solamente las técnicas tradicionales puedan dar la pelea. Hay que dar la pelea manteniendo lo tradicional que muestra lo negativo, pero también obligando a lo otro a desarrollar tendencias orgánicas que lo limiten.

Luego tenemos otro problema, el problema de a quiénes nos dirigimos: el mundo ya está disociado, ya está dislocada la vida de las personas. Entonces, no podemos tener un mensaje que se dirige a una población de “organismos” que piensan en términos de sentido asociado a la vida con sus singularidades y aspectos irreductibles, porque hoy en día la mayor parte de la población piensa en términos disociados de funcionamiento o disfuncionamiento. Si yo, por ejemplo, explicara esto en la televisión, sería inútil, no puedo dirigirme a un millón de personas diciendo esto mismo. No hay que subestimar ese punto. Necesitamos encontrar prácticas, dentro del mundo actual, que construyan una nueva organicidad. Nuestra apuesta reza: ¡el Hombre ha muerto, viva la nueva organicidad! No apostamos a Jehová, ni a Dios, ni al Hombre, no apuestamos a nada de eso. Como dijo Foucault: Dios ha muerto, el Hombre ha muerto. Apostamos a un nuevo modo de organicidad que va a ser un híbrido, no vamos a ser más como somos ahora, va a ser un híbrido de artefactos, nanotecnología, etc. La vida va a ser una vida inevitablemente hibridada. Pero apostamos a que este híbrido sea más orgánico que “agregativo” artefactual, deconstruido y recombinado. Este es el desafío actual: cuál va a ser la nueva singularidad, ¿va a ser un agregado cuantitativo o va a ser un híbrido orgánico? La humanidad, la vida, el pensamiento, el amor, la creación, ya han vivido bajo formas otras que el Hombre, han vivido bajo formas de un ecosistema, de una tribu.

Ahora, entonces, vamos a tratar de descubrir y construir qué cara tendrá la nueva singularidad. Ésta es la tarea, tratar de ubicarse en la posición del mangrullo para intentar ver dónde están emergiendo nuevas formas de hibridación. Acá con las nuevas máquinas, con la experimentación de las formas, con el arte…

*Filósofo, Doctor en Psicopatología en la Universidad de Paris VII, HDR (Diploma en Investigación de Tercer ciclo en Biología, Neurofisiología) en la Universidad de Montpeliér. Integra el Colectivo Malgré Tout. Publicó Elogio del conflicto (2018, 90 Intervenciones en Red Editorial), El cerebro aumentado el hombre disminuido, El mito del individuo, La vida es una herida absurda (Autonomía, en Red Editorial) Che Guevara, la gratuidad del riesgo (Cono Sur, en Red Editorial),  Pensar la libertadCrítica de la felicidad y es de próxima publicación La singularidad de lo vivo (Contemporáneos, en Red Editorial). Formó parte activa del PRT-ERP; estuvo detenido en la década del ’70, hasta exiliarse a Francia, tras su paso por la prisión.


Acerca de 27 de octubre

Una revista para pensar en la coyuntura electoral los posibles comunes. Una cuenta regresiva hasta la elección. Cada día una nota escrita por amigues diferentes. En cada nota el pensamiento como potencia de lo presente. Y un punto de llegada: fuerza de rebelión y de fiesta para no quedarnos solo con lo que hay.

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