Pablo Hupert

VEREMOS. (2001, gobernabilidad y feminismos) . Pablo Hupert*

2001 fue una crisis política, económica, financiera, pero también fue una instancia de subjetivación, de constitución política imprevista que ocurrió en ese diciembre y que duró unos meses, y tuvo efectos duraderos en la configuración del Estado argentino. En tanto movimiento de subjetivación, 2001 fue una apertura, la posibilidad de abrir y de correr el límite de lo posible. No la posibilidad de realizar algún programa político utópico, sino la de empezar a preguntarse y experimentar otras configuraciones posibles del vivir juntos, para apropiarnos de ese común que el capital nos expropia cotidianamente. Fue un repertorio de prácticas colectivas que con los años fue expandiéndose y que fue cambiando. No ya el viejo sindicato o el viejo partido político –que eran estructuras organizativas sólidas, duraderas e institucionales–, sino formas de organización más informales, más precarias, correlativas a la política de la precariedad, a los tiempos precarios del capitalismo financiero y que en esa precariedad desarrollan formas de contención, formas organizativas, incluso formas de peticionar ante las autoridades.

Porque, como movimiento de subjetivación, como pura posibilidad, 2001 había sido ingobernable, el Estado argentino tuvo que configurarse como para gobernar este repertorio de prácticas colectivas. Y se configuró como gubernamentalidad de la precariedad (precariedad no solo laboral y económica, sino también social, subjetiva y política). Y las experiencias colectivas se fueron organizando en términos de ser “atendidas” por las autoridades, resultando al cabo gobernables. Entonces, como repertorio de prácticas de petición ante las autoridades, 2001 ya no tiene posibilidad de abrirse. Lo que se abre en nuestras circunstancias pasa más por los feminismos que por 2001. Ahí se ve el carácter transversal y de apertura, de cuestionamiento de todo que tienen los movimientos de género, la “marea verde”.

Si el kirchnerismo fue un efecto de 2001, el macrismo fue un efecto del hecho de que el kirchnerismo había podido tornar gobernable 2001–y pudo, de hecho, gobernar sin miedo a irse en helicóptero gracias a este consenso de “gobernabilidad conservadora”. Conservadora en el sentido de los aprendizajes que la clase política ha realizado luego de la ingobernabilidad que sufrió en 2001, del rechazo a la impugnación general de la población y la dificultad para gobernarla. La clase política sabe que no quiere pasar otro 2001, que no le conviene romper filas. Matices aparte, en general, se trate de peronistas o macristas, de intendentes o de gobernadores, hay un consenso que algunos llaman “gobernabilidad conservadora”: así como tratan de conservar los principales vectores de acumulación capitalista (sojización, fracking, burbuja inmobiliaria, megaminería, renta financiera), tratan también de conservar la gobernabilidad, es decir, mantener separada a la multitud de lo común, de su capacidad de encuentro alegre y cooperación material.

Por otra parte, para lograr esa conservación de la gobernabilidad, apelan a algo muy palpable para quienes podríamos estallar, que es que puede correr sangre. En este punto podemos decir que hay una diferenciación posible entre la forma de gobernar que puede llegar a mostrarnos Alberto Fernández y la forma macrista: la forma macrista no respetó el derecho a la protesta como la había respetado la forma kirchnerista. Esperemos que la forma fernandecista prolongue la kirchnerista, aún a pesar de que no la prolongue en muchos otros sentidos. No la prolongará en lo económico, de esto no hay duda. Pero sí podemos esperar que respete la protesta social.

Significaría una posible fisura o apertura del consenso conservador en la gobernabilidad plantear, como lo hace Ariel Pennisi, que no solo nacemos endeudados, sino también acreedores. Acreedores del Estado: si pretende gobernar tiene que cumplir con aciertos mínimos. Acreedores del capital: si quiere explotarnos tiene que respetar ciertas condiciones materiales que no destruyan la vida. Si el gobierno no puede asegurar estas cosas –que nos deben tanto el Estado como el capital–, entonces tendremos que replantear la agenda, es decir volver a separarnos y aprender un ingobernable: separarnos de la gobernabilidad y reunirnos con nuestras potencias y plantear un nuevo ingobernable.

El Estado posnacional tiene formas dinámicas de captura. El feminismo, en este sentido, todavía tiene un repertorio en expansión que no pudo ser capturado por el Estado. Estos feminismos no dicen “que se vayan todos” como decía 2001, pero dicen cuidémonos todes. Si es con el Estado, mejor; y si el Estado no nos cuida, nos cuidamos entre nosotras. Acreedoras del Estado y cooperadoras materiales y afectivas en los cuidados, aun sin Estado. Creo que ahí tenemos mucho que aprender y mucho todavía por inventar. Por investigar como forma de relación entre lo que no se deja gobernar y los gobiernos que intentan gobernarnos.

El signo de pregunta que plantean los feminismos en su pluralidad de formas de cuestionamiento y afirmación y cuidado mutuo muestran que no son todavía ni algo gobernable ni algo que cuestione la gobernabilidad. Quizás las formas de cuestionamiento de la gobernabilidad no vengan a la manera del estallido en lo sucesivo. Veremos.

Nota organizada en base a fragmentos del reportaje realizado a Pablo Hupert por Pablo Makovsky para Revista Rea.

Para ver el reportaje: https://bit.ly/2p6KdFV

Pablo Hupert: Historiador, ensayista.  Publicó El bienestar en la cultura (Pie de los Hechos, 2012) y Judaísmo Líquido (Biblos, 2014). Mantiene una profusa actividad de escritura que publica en www.pablohupert.com.ar.

Fotografía: Josefina Tomassi


Acerca de 27 de octubre

Una revista para pensar en la coyuntura electoral los posibles comunes. Una cuenta regresiva hasta la elección. Cada día una nota escrita por amigues diferentes. En cada nota el pensamiento como potencia de lo presente. Y un punto de llegada: fuerza de rebelión y de fiesta para no quedarnos solo con lo que hay.


El estado posnacional

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