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La vuelta de lo común. Ariel Weinman*

De qué orden es aquello que insiste para emerger como una interrupción de la vida corriente, una suspensión de las formas admitidas, un movimiento que sin moverse del lugar desgarra las estabilidades supuestas de una totalidad presumida y nombrada como “sociedad”, hasta dejarla en su impúdica desnudez. Hace un instante estaba regida por habitus estructurados y estructurantes, controlada por Big Datas omnipresentes que la presentaban en su más absoluta y trivial transparencia. Un golpe inesperado venido desde ningún lado abrió el suelo que pisamos, para remover las verdades paridas por la determinación, para empujar la vida hacia el abismo de su propia negación, en una experiencia que huye de los datos sensibles, declarada por su inutilidad, una experiencia de lo no experimentable.

La trituradora de metáforas para los conceptos y las ideas trabajando a destajo auguraba el partido de las PASO con un final abierto, aunque en el ballotage… “ella” se caía. Por lo menos eso aseguraban los especialistas, los productores de conocimiento “sociológico” devenidos en profetas de las estadísticas que importan, los que habitan en el territorio gobernado por la dialéctica entre saber y no saber, los que conciben el conocimiento como una disputa progresiva del sujeto sobre el objeto, que avanza por rupturas o por continuidad, pero siempre de un punto a otro, entendiendo al no saber siempre como un provisorio no sabido, pero jamás como un absoluto incognoscible.

De tanto hacer encuestas, creyeron que podían anticipar, aunque con el margen de error establecido “científicamente”, el resultado de las elecciones del 11 de agosto: creyeron que esta Argentina es una suma de individuos aislados movidos por su propio interés, una pléyade de emprendedores, que si fracasan es por su “barbarie monótona”, jamás por su “emprendedurismo” civilizatorio. Creyeron que podían acceder a la verdad del voto a través de interpelarlos individualmente, porque suponen que ellos renunciaron a la comunidad, a lo común que los acomuna, como el precio que habrían pagado para abandonar el estado de naturaleza, aunque por estas llanuras –afirman los entendidos, y no son pocos– nunca pudieron huir definitivamente de él. Esa sería una de las anomalías que nos atormentan desde hace 70 años, ¿cómo explicar si no esa aberración llamada “peronismo”? Ellos entienden mejor que nadie que lo que preocupa y hasta amenaza de ese fenómeno indefinible –“el hecho maldito del país burgués”, privado alguna vez de palabra, de la facultad de nombrar por decreto–, es la proliferación incesante de “facundos” indomables, la fuerza irreverente que siempre termina desbordando al monstruo Leviatán. Si el peronismo es algo, seguro está del lado de la máquina de guerra, y si alguna vez se hizo de una partecita del Estado fue para organizar la fiesta.

En definitiva, los que saben, es decir, los que están en los medios, dictan conferencias, tienen seguidores en las redes, etc., pretendieron hallar y presentar como conocimiento lo que se derivaba del discurso del fin –como final– de la comunidad. Imaginando lo imaginable, es decir, recorriendo la historia del derecho, nunca del revés, habitando al interior de los dominios de lo pensable, la razón y la conciencia, “se les escapó la tortuga”, como afirmara el filósofo de Fiorito.

Pues algo de la velocidad del rayo pasó simultáneamente por todos lados sin distinción, de lo contrario, cómo entender los resultados en los departamentos de Jujuy, la provincia transformada en cárcel para los rebeldes y desviados, las provincias patagónicas recolonizadas hasta el hartazgo, distritos “chetos” como San Isidro o Coronel Suárez en Buenos Aires, por ejemplo. La devastadora situación económica y social opera como condición de posibilidad, pero no explica el hecho que destituyó la lógica oligárquica. Enunciar que la economía definió la elección, que los votantes lo hacen con el bolsillo es tornar como universal la particularidad que hace del stock y la acumulación la razón de sus vidas.

Si manos tan diversas, múltiples y heterogéneas escogieron durante la misma jornada la boleta de Fernández-Fernández y de los candidatos locales del Frente de Todos por fuera de las previsiones y los cálculos de los especialistas en anticipar resultados, sondear voluntades e indagar causalidades es porque algo de las fuerzas que nos exceden se precipitó un domingo de agosto para instituir una nueva razón.

El acontecimiento excavó lo que estaba lleno, la desazón, la tristeza, el destino insalvable de que, en vida, ya no es posible cruzar mirada con lo otro ni con otros, martilló la inmunidad contra la supuesta peligrosidad creciente, como la forma deseable por antonomasia de asepsia y ascesis las estrategias de la conservación vital, y en la muerte, anuló la posibilidad de no hallar más que un cadáver, no encontrar restos, sólo polvo en potencia. El acontecimiento hizo sentir que hay otra cosa más allá de la salvación transida por el sexo con “los dráculas con tacones” disfrazados de ministros, destituyó lo que estaba instituido como imposibilidad de multitud y de desierto, arrastrados por las facturas impagas de una deuda impuesta a coscorrones como única forma de existencia, horadó las capas sólidas construidas por gruesos billetes, y volvió a pensar la imposibilidad del pensamiento.

Por un instante liberó al sujeto de las ataduras que contenían su disolución, lo empujó a salir fuera, para colocarlo en su afuera, en un fuera de sí, en aquello que lo impugna y lo rechaza, que constituye una comunicación no para transmitir las consignas, sino para comunicarnos con los otros, con lo que no somos nosotros, nuestro no-ser-nosotros. El torrente de las Paso, aunque sea por algunas horas, nos empujó a perder la identidad de cada uno, no para hallar una identidad común, sino nuestra común falta de identidad. Lo más bello, si se puede decir así, es que las Paso siguen pasando, el peronismo sin saber a qué categoría conceptual pertenece, se enfila como un eterno retorno para darnos nuevas chances, pues aún nos exhibe en común la falta y la ausencia como condición para hacer comunidad. Aunque sea por un rato.

*Periodista de Radio Gráfica, docente de la Universidad Nacional de Avellaneda


Acerca de 27 de octubre

Una revista para pensar en la coyuntura electoral los posibles comunes. Una cuenta regresiva hasta la elección. Cada día una nota escrita por amigues diferentes. En cada nota el pensamiento como potencia de lo presente. Y un punto de llegada: fuerza de rebelión y de fiesta para no quedarnos solo con lo que hay.

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