María Iribarren

Somos parte del problema y, en consecuencia, de la solución. María Iribarren*

Semanas atrás, Lucrecia Martel —presidenta del jurado del Festival de cine de Venecia— declaró durante la apertura de la Mostra, que no asistiría a la proyección de gala de la película de Roman Polanski (J’acusse). Consultada al respecto por la prensa, Lucrecia explicó: “Yo no separo al hombre de la obra. La presencia de Polanski me resultó muy incómoda… Hice una pequeña investigación en Internet y vi que la víctima dio este caso por cerrado, considerando que el señor Polanski había cumplido con lo que la familia y ella habían pedido. No puedo ponerme por encima de las cuestiones judiciales. Pero sí puedo solidarizarme con la víctima. No voy a asistir a la proyección de gala del señor Polanski porque yo represento a muchas mujeres que en Argentina luchan por cuestiones como ésta, y no querría levantarme para aplaudirle…”.

Hace unos días, leí la entrevista que dio Horacio González a Ezequiel Palacio y Natalia Pasquino para APU. Entre otras cosas, González afirmó que “… le cabe a este nuevo ciclo argentino que se va a inaugurar con el desplazamiento del macrismo, repensar los medios de comunicación… Es parte de un debate necesario, que en algún momento deberá tomarse con seriedad, y esa seriedad incluye el antecedente de la Ley de Medios”. Entonces, recordé los dichos de Martel y asociando una cosa con la otra asumí que el periodismo (el ejercicio del periodismo) tampoco es inseparable de quienes lo ejercemos. ¿Podemos pensar Clarín sin sus periodistas, fotógrafos y editores? ¿Podemos pensar TN o El Trece sin sus periodistas, conductores, camarógrafos, productores y editores?

Parece excesivo pensar que “los medios” son capaces de manipular a la opinión pública hasta lograr contaminarla de odio, sinrazón o deseos de autodestrucción. En cambio, podríamos aplicar aquí el dicho popular: “Siempre hay un roto para un descosido”, lo que nos llevaría a la pregunta por la eternidad: “¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?”. Lo concreto es que lxs periodistas nacemos y habitamos en la misma sociedad que nos lee, nos escucha o nos mira. Es decir, somos parte del problema y, en consecuencia, de la solución.

No obstante, sí pudiéramos conjeturar que la repetición de estructuras de pensamiento suele formatear la percepción de tal estructura, como la única válida para interpretar los hechos del mundo y de las personas: el problema, a continuación, es que los medios (gráficos y audiovisuales) no informan sobre la totalidad de los hechos del mundo ni menos aún de las personas. Lo que se dice, lo que se muestra, es apenas una parte que sirve para que esa estructura de pensamiento, repetida cada día en cada nota, “cierre”, a sus fines comunicacionales, con pregnancia en lxs seguidorxs.

En este sentido, “los medios” en las últimas tres o cuatro décadas, se aproximaron a la matriz comunicacional del dogma religioso que, muchos años antes, ya había adoptado la publicidad y que, contemporáneamente, utilizaron exitosamente las oficinas de prensa de los candidatos de la derecha en todo el planeta. Se trata de la fe que, como todxs sabemos, obliga a creer antes que a disponer la razón crítica para la que fuimos dotadxs. Ahora bien, el tercer problema es que la fe se opone a la información, materia prima del periodismo y su razón de verdad aunque también de sospecha, indagación e interpelación. (La idea de verdad es compleja y resbaladiza. No hay una ni es objetiva. Por eso, en la práctica periodística, contrastamos fuentes, abrimos vías de investigación, estudiamos, revisamos archivos antes de dar por cierta una mentira.).

Sobre todo, la fe se opone a la ética, la disuelve, la vuelve prescindible. Es el punto de inflexión en el que se nos propone juzgar la obra maestra de un violador olvidándonos de su acto de violación y de la repercusión que ese acto podría aún tener sobre nuestros cuerpos. Es el mismo punto de inflexión en el que, lxs periodistas y los dueños de Clarín, nos proponen que juzguemos su obra sin considerar la malversación del derecho constitucional a informar así como la violencia simbólica y material que ejercieron contra la soberanía nacional en la utilización hegemónica del espectro, y dejando de lado el impacto que ese acto ha tenido sobre nuestros cuerpos democráticos.

*Gestora cultural, periodista especializada en lenguajes audiovisuales y docente de cine y literatura. Es Coordinadora de las Tecnicaturas en producción y realización de Industrias Culturales, fue redactora en Tiempo Argentino, Clarín, Veintitrés, etc. Trabajó como periodista y gestora cultural en el Ministerio de Cultura de la Nación.


Acerca de 27 de octubre

Una revista para pensar en la coyuntura electoral los posibles comunes. Una cuenta regresiva hasta la elección. Cada día una nota escrita por amigues diferentes. En cada nota el pensamiento como potencia de lo presente. Y un punto de llegada: fuerza de rebelión y de fiesta para no quedarnos solo con lo que hay.


Contra el periodismo

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