• Diego, el jugador inseparable de la persona

    Diego, el jugador inseparable de la persona

    Hay espíritus impresionables y los hay escurridizos, hay consciencias sucias y también hipócritas. Seguramente del cenagoso carácter de la consciencia media –¿la “falsa consciencia descripta por Luckács?– proviene la idea de que Maradona fue un gran jugador de fútbol, pero como persona, resulta pasible de juicios y epítetos que subjetividades bien pensantes o periodistas rastreros no se han ahorrado en todos estos años. Presuponen dos cosas: en primer lugar, que se puede separar al jugador de la persona, en segundo lugar, que, una vez asumida tal separación, el aspecto personal no sólo no acompañaría la maestría deportiva, sino todo lo contrario. Tal vez, del mismo lugar de enunciación que pretende un Diego particionado, provenga un imaginario más contemporáneo, para el cual Messi aparece como contraejemplo, caso de un jugador que combina la excepcionalidad de su juego con una vida privada prolija, casi tan perfecta como se ven las historias sin historia en las redes sociales.

    Nos gustaría afirmar, en contrario, que cuando se trata de la figura de Diego, no es sensato, ni honesto, ni conceptualmente acertado hacer esa separación. Mientras tanto, para el caso de Messi, la distinción entre el jugador y la persona es más clara e incluso pertinente.

    ¿Bajo qué clase de mirada moral es posible distinguir las torsiones del cuerpo de Digo en la cancha, de sus girones vitales? Se trató de alguien que se jugó entero en cada terreno, entre el césped que hizo suyo y una esfera pública que lo conoció provocador. Hay una continuidad entre la pasión y el contagio que ejercía en cada equipo y el compañerismo y los códigos que manejaba fuera de la cancha. Entre el potrero que lo seguía a cada vericueto de un partido de fútbol y la fiesta a la que supo entregarse en cada ámbito social que le tocó en suerte. Diego fue un torbellino y un hombre de gran ternura, tan rebelde ante el poder que fuera como preso de su excesiva humanidad. No tiene sentido mutilar el espíritu de Diego, una unidad de sentido propia de una vida generosa.

    Diego, el jugador inseparable de la persona
    Fotos de Valerio Bispuri.

    Foto: Valerio Bispuri

    Toda su seguridad jugada cada vez, en cada partido y cada torneo, tensa de un modo, a su vez, inseparable su insegura relación con el mundo, recubierta de capas no calculadas de aspereza, altanería, incluso a veces de cierta violencia. El tipo más conocido del planeta fue también pudoroso en encuentros, presentaciones y entrevistas; lo fue, por ejemplo, cuando acudió a la invitación cursada desde la Universidad de Oxford (1995), jugando de visitante y sin dejar de mostrarse como Diego. Dueño de un carisma y una simpatía que también los estadios supieron reconocer, oscilaba entre una exposición exasperada y la necesidad de recluirse, defenderse, contraatacar. La genialidad de sus jugadas, la elegancia de su estilo, la belleza de sus goles, pases y tiros libres le permitían sentirse otro, por eso solía hablar de sí mismo en tercera persona. Al mismo tiempo, algunos de los ámbitos que frecuentaba también lo ensimismaron.

    Vivió como quiso, una vida vivida en serio. Y, justamente, nada más en serio que su desplazamiento permanente y su burla a toda seriedad. ¿Es algo que cualquiera de nosotros se permitiría? Vivir de esa manera, ¿no es, acaso, una forma de interpelar al resto? Y vaya que despertó pasiones… Del amor incondicional de los de abajo, hasta el resentimiento y la injuria de quienes viven la vida como un hecho privado. Diego fue una figura pública en el sentido más vital; como él mismo dijo más de una vez, era “el Diego”, porque así lo llamaba la gente común y él nunca dejó de ser parte de esa esfera común. Por eso lo llamamos en algún otro texto, “el amigo público”[1], aquel que, en una sola jugada, en una tirada de dados, vincula la rareza de la singularidad con la apertura de lo común. Diego fue único y como cualquiera al mismo tiempo. 

    Diego, el jugador inseparable de la persona
    Foto de Valerio Bispuri

    Foto: Valerio Bispuri

    A Messi corresponde reivindicarlo como jugador, quererlo en la cancha. Genio juvenil, de prolífera carrera que, en retirada, se puso al hombro un mundial. Tal vez sea de los jugadores que mejor maduraron en la historia, alguien conocedor de su cuerpo hasta el más ínfimo detalle, cuando de fútbol se trata… la economía de fuerzas, posición, participación, incluso de disposición anímica en ese mundial significa una gran consagración para su carrera. Pero claro, no se puede decir nada parecido en términos personales. Más fácilmente asimilable por el establishment de países occidentales y medio orientales, se mueve con comodidad en un mega evento de magnates, donde personajes sin escrúpulos buscan imponer sus propias trayectorias como ejemplos de vida. No se lo vio pudoroso, sino eficaz. A diferencia de su gran generosidad como jugador, de su don y su diferencia real en la cancha, fuera de ella todo parece esfumarse. En el mundo de la vida Messi es una estrella que calcula su carrera, que mide sus enunciados, alguien que no se mancha las manos y que, de tanta asepsia supuestamente apolítica, termina enlodado en un festival de la derecha rancia y supremacista en un país que persigue a sus inmigrantes. ¿No tiene nada para decir, entre publicidad y publicidad, entre contratos millonarios y paseos por escenarios lujosos de Miami?

    Diego no fue calculador, ni dentro ni fuera de la cancha. “Me equivoqué y pagué”, dijo. Mirando de frente a una tribuna y una cámara, pero nunca agachó la cabeza. Dijo su sentir con el pecho erguido de siempre, con algo de drama en sus palabras, porque la vida es desgarro antes que especulación. Y Diego se parece más a la vida que Messi. En cambio, el sano de Messi quedó envuelto en una causa por evasión, el crimen de los magnates de estos tiempos, los que dañan al resto, los que escapan a las cuentas públicas, evitando pagar justo lo que se destina a jubilaciones, educación, infraestructura en barrios populares… todo lo que Diego defendía. Diego se hizo daño a sí mismo y, claro, como cualquier mortal habrá maltratado a más de una y un cercano… y que se equivocó feo, lo sabemos mientras nos quemamos las manos. El tango dirá de Troilo, “tan sólo fue flaco con él mismo”… Diego fue exuberante consigo mismo, pero siempre estuvo ahí para hacerse cargo de los costos. Porque Diego fue cuerpo, estaba siempre ahí. Aún para una época que desmaterializa la experiencia mientras la digitaliza, Diego sigue teniendo incidencia, como indicio de una materialidad densa. La proliferación de imágenes suyas es muy anterior al estallido de las fotografías tomadas con el celular, muy anterior a la aparición de las redes virtuales. Las filmaciones son muchas veces caseras, de formatos bien diversos, otras tantas tomadas de la televisión o de películas y cortos que le fueron dedicados. Existen todas esas imágenes porque Diego ponía el cuerpo, estaba en muchos lugares, iba donde lo requerían cada vez que podía. Partidos a beneficio de personas desvalidas, acompañamientos, encuentros amistosos y tantas formas de compromiso que lo encontraron diciendo presente. En la época de la virtualidad, de la imagen calculada y a la vez obscena, cada vez que vemos imágenes de Diego, indistintamente en la cancha jugando o haciendo sus barrocos precalentamientos, o fuera de ella, riendo, bailando, peleándose con alguien o puteando a los cuatro vientos, sentimos el guiño de la vida que insiste. Gracias Diego. 


    [1] Pennisi, A. (2024), “Diego. El amigo público”, en Diegologías, publicado por la revista Meta.

    Fuente: Tiempo Argentino

  • Crearon el sistema de puertas giratorias

    Crearon el sistema de puertas giratorias

    El autor de “La dictadura del capital financiero”, cuenta cómo ese período fue clave para la financierización de la economía que aún hoy sufre Argentina.

    El historiador Bruno Nápoli viaja en transporte público y da clases en una universidad del conurbano. Su cotidianeidad actual está a años luz de la de los personajes que investigó en su libro “La dictadura del capital financiero”, publicado por Red Editorial, que se presenta este martes a las 18 en la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPaz).

    Allí, Nápoli da cuenta de la profunda y aún vigente desregulación y transformación del sistema financiero argentino operado durante la última dictadura, a partir de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

    El trabajo original fue publicado en 2012 con formato de informe y tenía 300 páginas. Fue cuando, bajo la presidencia de Alejandro Vanoli, Nápoli accedió al archivo de la CNV y pudo, a través de esos documentos, reconstruir dicha etapa histórica.

    Doce años más tarde, “La dictadura del capital financiero” vuelve en un formato más breve. Pero, como él mismo aclara al comienzo de su diálogo con Buenos Aires/12, “no se trata de un resumen sino de una reescritura”, en la que algunas de las hipótesis de la versión original son reformuladas.

    Por ejemplo, la que dice que la defensa de cierta industria pesada frente a la apertura irrestricta y desindustrialización total que impulsaba José Alfredo Martínez de Hoz, no se debió tanto a diferencias ideológicas de un sector nacionalista del ejército, sino a lo que denomina “motivos de rapiña”. Los militares que controlaban ciertas empresas no querían perder los negocios que allí se hacían.

    –¿En qué medida las transformaciones operadas en la dictadura son condición de posibilidad de los ciclos posteriores de endeudamiento, timba y fuga de divisas?

    –La dictadura de 1976 puso en puestos clave de la economía, como el Banco Central, el Banco Nación, la Comisión Nacional de Valores, la secretaría de Hacienda, entre otros, a tecnócratas asociados al mundo bancario y financiero. Algunos de ellos con una visión más clásica y otros que podríamos denominar neoliberales. Ganaron estos últimos, encabezados por Martínez de Hoz y desde entonces el país vive una suerte de historia circular.

    — ¿Cómo y por qué?

    –A través de una serie de decisiones que modificaron la estructura burocrática y normativa del estado. La más importante, pero no la única, es la Ley de Entidades Financieras, todavía vigente. Esa medida concentra capital en muy pocas manos y desarma controles. Hace medio siglo éramos veintitrés millones de argentinos y había cientoveinte bancos. Hoy tenemos el doble de población y la mitad de bancos. Se destruyeron cooperativas, cajas de crédito y un montón de instrumentos. Se liberaron las tasas, permitiendo una especie de frenesí desbocado.

    –¿Hay similitudes con el presente?

    –No es casualidad. Era muy tentador. Hubo gente que tenía una pyme y, ante la apertura importadora, la liquidó y se puso a jugar con las acciones sin tener la menor idea y sin saber que no había regulación ni respaldo. Perón decía que, para consumarse una trampa, tiene que haber un tramposo y un tonto. Bueno, en estos ciclos donde se da una suerte de fiebre, de la especulación por la especulación misma, sin apalancamiento en ningún factor dela economía real, se dan las dos cosas. Estos cryptobros y pibes traders de ahora se parecen mucho a los yuppies de los noventa o a los agentes de bolsa de aquella época. Las cryptomonedas terminan siendo negocio para grandes jugadores, para sus creadores y para los que manejan información privilegiada, porque manipulan el precio, se quedan con la ganancia y arruinan a los pequeños inversores.

    –¿Cuándo empieza la fiebre especulativa, desligada de la economía real?

    –Con Frondizi. Cuando Argentina ingresa al Fondo Monetario, cosa que Perón no aceptaba, Frondizi toma no uno sino cuatro préstamos. Apenas los recibe, se da vuelta y los vuelca en el mercado secundario. Emite un bono y lo vende, el que lo compra emite otro bono y lo vende y así sucesivamente. Para 1968 la burbuja es tan grande que Onganía decide intervenir. Crea la Comisión Nacional de Valores, con poder de policía, porque hasta entonces existía apenas una Comisión de Valores, que era una oficinita del Central, de carácter consultivo, y la ley 17188, la primera ley de Mercado de Capitales.

    –¿Qué consecuencias tuvo ese crecimiento del mercado secundario de instrumentos financieros?

    –Por un lado, alteró todos los balances de las entidades. Porque si yo tomo deuda tengo un pasivo, pero si puedo emitir un bono sobre esa deuda y venderla, entonces tengo un activo. Por otro, esa dispersión, esa modificación en el esquema de tenedores de bonos hace más complejo cualquier intento de reestructuración.

    –Y le transferís el riesgo a un tercero, que probablemente no sabe lo que está comprando.

    –Exacto.

    –¿Entonces, nunca hubo en Argentina un mercado de valores volcado a la producción?

    –Si, con Perón. Después, nunca más.

    –En tu libro decís que muchos de los conflictos no eran político ideológicos sino por el botín. ¿Cómo lo explicás?

    –En 1978 le renuncia a Videla medio gabinete, todos milicos importantes, con trayectoria, para expresar el malestar con el rumbo económico que le imprime Martínez de Hoz y que él, como presidente, avala. Los que renuncian promueven un industricidio selectivo, no una completo, porque muchos militares de alto rango ocupaban lugares estratégicos en directorios de empresas, que eran muy lucrativos. Hubo mucha rapiña, entre civiles y militares, entre militares y militares. Hubo secuestros por motivos de guita, secuestrados que conocían a sus captores, hasta hubo uno que, estando en cautiverio, los hizo colocar sus sueldos para que ganen una diferencia extra. Son personajes que saben que están en actividades de alto riesgo, por eso se someten a negociaciones permanentes. Te doy un ejemplo. Cuando termina la dictadura, Economía pide explicaciones por una deuda tomada por las fuerzas armadas, supuestamente para comprar armamento, de cinco mil millones de dólares. La respuesta es “nosotros pedimos dos mil cien millones, el resto son comisiones y negocios de intermediarios”.

    –¿Es el caso del conflicto entre la CNV, la Bolsa de comercio y el Mercado de Valores?

    –Claro. El presidente de a CNV, Alfredo Etchebarne, es civil pero está totalmente alineado con Videla y decide ejercer la autoridad que viene con el cargo. Una vez hasta se ve obligado a declarar “no soy estatista, pero cumplo funciones”. En ese período, la CNV inició diecisiete demandas contra agentes de bolsa, todas bien fundadas. Nunca más hubo una CNV tan activa.

    –¿Por qué Alfonsín deja todo intacto durante tantos años?

    –Recordemos que Alfonsín se encuentra con un poder judicial que, en una enorme mayoría, fue designado por la dictadura. Alfonsín se mete con el Nación y con el Central. En el libro cuento que un funcionario del ministro de Economía Bernardo Grinspun fue a pedir renuncias y terminó sumariado “por intromisión”. Hubo, durante años, una creencia de que la CNV era una agencia menor, que no valía la pena involucrarse o que era mejor dejarla en manos de los regulados.

    –¿Poner el perro a cuidar el asado?

    –Algo así. Vos hablás con los funcionarios, casi de cualquier administración, y te dicen “consensuamos tal cosa”. ¿Para qué te dio el estado poder de policía? ¿Qué necesidad de consensuar tanto? La opción es crear una burocracia pública calificada, con gente que no tenga vínculos con los regulados, que no haya laburado en los bancos ni las sociedades de bolsa, que no provenga del esquema de puertas giratorias.

    Fuente – Pagina/12: https://www.pagina12.com.ar/2025/11/18/crearon-el-sistema-de-puertas-giratorias/

  • Apuntes inmediatos sobre las elecciones en Argentina

    Apuntes inmediatos sobre las elecciones en Argentina

    Por Ariel Pennisi | Cada uno de estos interrogantes puede explicar una parte de un todo que no es coherente, ni necesariamente estable y que, en algún punto, no es un todo. 

    ¿El dato más importante es el ausentismo (el más grande desde la vuelta de la democracia)? El número de personas que no fue a votar supera al número de personas que votó al oficialismo ganador*. ¿Eso significa que hay un porcentaje muy alto de quienes la pasan mal que prefieren no votar? Es decir, ¿que no consideran válida ninguna alternativa o que no consideran a las elecciones y, en el fondo, a las instituciones como una alternativa para resolver su situación?

    Nuevamente: el hecho de que haya habido semejante volumen de ausentismo, ¿es un indicio de que la oposición cuenta con un techo bajo y no talla como alternativa? Hay un punto en que el descrédito del sistema democrático formal se confunde con la ausencia de alternativas políticas.   

    Hay datos muy duros sobre la situación de endeudamiento de una parte de la población con la tarjeta de crédito. Hay quienes se endeudan para compra de alimentos. Economías muy frágiles expuestas al más mínimo cimbronazo. ¿Primará el temor a un cambio muy brusco del escenario por un gobierno alicaído? Algo así como las personas atadas al consumo en cuotas en la década del 90, en un contexto de desocupación creciente. La mayoría de entonces prefirió sostener ese régimen, sin necesariamente apoyarlo (ni ideológica ni moralmente).

    La relación de la población con los productos importados no es homogénea. Existen sectores medios que aprovechan para tener una vida de consumo acorde a su imaginario, mientras que hay sectores populares para los cuales la posibilidad de contar con productos importados a menor costo que los productos locales les permite comerciar y así obtener un ingreso. 

    Un caso (es decir, la muestra más chica posible): una mujer joven del conurbano profundo utiliza los importados chinos, que consigue gracias a la apertura indiscriminada, para uno de sus trabajos (complementa trabajo en casas particulares con un emprendimiento en decoración de salones para eventos), lo que le permitió no tener que ir a comprar productos a ferias como La Salada. El día que, por la necesidad de un producto que no conseguía importado, tuvo que volver a La Salada, le robaron cuando volvía a la parada del colectivo. Es decir, que la política de apertura le resolvía su economía, pero también, en parte, su seguridad. ¿Se puede llamar a eso estar de acuerdo con un gobierno? ¿o se trata de sobrevivir?

    En un escenario gobernado por el corto plazo y la ausencia de horizontes de sentido como país, sociedad o colectivo, las tendencias no repercuten en la lectura que las personas hacen de la situación. De modo que las inconsistencias del plan económico, los riesgos de todo tipo de mediano y largo plazo difícilmente formen parte siquiera de las conversaciones de las mayorías. Nadie cambia de un día para otro… y como se vive de un día para otro, nadie parece querer cambiar. ¿Queda directamente fuera del radar el horizonte?

    Un detalle, aunque no menor: en la elección del 7 de septiembre de la provincia de Buenos Aires votaron los extranjeros habilitados -sumaron 1.015.503 en las elecciones de septiembre-, que representan 7,06% del total. En ese caso, lo hicieron en alrededor de un 90% a favor del peronismo, de modo que formaron parte de la abultada victoria de Fuerza Patria. Esta vuelta, no estaban habilitados para votar por tratarse de elecciones nacionales, ¿se puede afirmar, entonces, que ese voto hubiera modificado, si no el grueso del resultado, al menos el color del declarado ganador en la provincia?

    ¿Vivimos en una trampa? Más allá de la resonancia ideológica y programática del gobierno actual con el período menemista, se huele un tufillo a realidad atada con alfileres. En ese sentido, el temor a la caída del gobierno a partir de una derrota electoral pudo haber operado, aunque es muy difícil decir en qué porcentaje. La intervención de Estados Unidos fue gravitante, pero no como entonces. Si, durante el apogeo de Menem, se construyó cierta mística a partir de las “relaciones carnales” con Estados Unidos, como parte de una alianza modernizadora y, sobre todo, a partir de la convertibilidad y la sobreidentificación de una parte importante de la población con el dólar, no es eso lo que ocurre hoy. Esta vez, se trata de un “salvataje” enunciado con tono amenazante. Ya no es un futuro prometedor, ni un sueño americano que podríamos hacer nuestro, sino el temor a perder más aún. Más allá de la intervención del Tesoro norteamericano para contener al dólar (¿a cuánto se hubiera ido sin ese apoyo?), la comunicación de Trump fue clara: si el gobierno no ganaba se quedaba sin espalda.  

    La construcción de un escenario de derrota en la previa de las elecciones, ahora vuelve como efecto sorpresa. Todo un shock simbólico. Pero en realidad, al gobierno le fue parecido (de hecho, un poco peor) al macrismo en 2017. Sólo que, por entonces, Macri no tenía a sus espaldas un gobierno tan flojo como el del Frente de Todos, de hecho, tuvo que inventar el cuento de la “pesada herencia”. El último gobierno de Cristina había dejado flancos débiles y varias cuentas pendientes, pero visto desde ahora, sus números de gestión eran claramente mejores. Se cumple el hecho de que cada vez que se desciende, las recuperaciones no logran compensar lo perdido para los sectores populares. Y las discusiones también descienden. ¿Tiene más peso el antiperonismo que reacciona o el posibilismo progresista que renuncia a confrontar y a interpelar?

    Finalmente, el recuerdo del gobierno fallido del Frente de Todos está fresco. La inflación, los vaivenes de la pandemia, los vicios propios del peronismo territorial cuando está en el poder… El gobierno, que había generado expectativas en 2023, ya no las genera, sacó algo más de 15 puntos menos que en aquella elección. Sólo conjeturando, se podría decir que esta vez, sin la necesidad de generar expectativas a futuro, le bastó con generar la expectativa de no volver al pasado. Y, por cierto, la oposición peronista se comporta del mismo modo siendo oposición que cuando fue gobierno. Con las mismas consignas, las mismas internas y la misma incapacidad para percibir la filigrana de las vidas precarias. 

    Tal vez, no sea posible dar un sentido integrador a lo sucedido. Un poco de aquí y un poco de allá no hacen a un “todo”. Al parecer, es algo enloquecedor para nuestra voluntad analítica no poder integrar todo en algo parecido a un sentido coherente, aunque se tratara de la conclusión menos deseada. Hay algo de la diversidad de razones mínimas, prácticas y contingencias que se nos escapa. Y, si bien, unas condiciones semejantes no nos eximen de análisis ni vuelven imposible forjarse alguna mirada (ejercicio, por demás necesario), cabe preguntarse por la fragmentación y la liquidez (significante que lleva casi treinta años en libros y análisis), por la segmentación extrema de los comportamientos.

    Este punteo queda abierto para colaboraciones de quienes puedan aportar más datos y reflexiones en virtud de que deseen seguir pensando en el umbral de un presente esquivo.

    Notas:

    *El padrón nacional contaba con 36.477.204 votantes habilitados para las elecciones legislativas de 2025. Los votos acumulados a nivel nacional por La Libertad Avanza 9.341.798 votos.
    11.459.000 personas no fueron a votar, esto implica un ausentismo de poco más del 32% (votaron 24.264.000 personas).

  • Elegir la elección

    Elegir la elección

    Ariel Pennisi

    “… no tienen dinero, no tienen nada, están luchando tan duro para sobrevivir (…) se están muriendo, ¿de acuerdo?, mueren.”

    Donald Trump, sobre Argentina (20-10-2025)

    Hay circunstancias en la historia que nos devuelven a los problemas fundamentales. Por ejemplo, el desamparo, la dispersión del sentido, el naufragio entre islotes que por sí mismos no configuran un escenario habitable. La pérdida de legitimidad de las instituciones públicas lleva el suficiente tiempo como para contarse como parte de nuestra sintomatología. Un derivado de la crisis del sentido de la convivencia democrática, es la pérdida de densidad las instancias electorales. Pero, al mismo tiempo, no se avizoran alternativas como, por ejemplo, las que recorrieron el siglo XIX, desde la federación de comunidades (Proudhon), hasta el comunismo sin Estado de Marx, pasando por el incipiente Estado social, no revolucionario, que tomaba la imagen de la solidaridad de Durkheim en la antesala del siglo XX.

    El latiguillo gramsciano que domina nuestro tiempo es aquel según el cual, cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no nace aún, lo monstruoso hace su aparición, y, observamos, llega incluso a normalizarse. Ante la sensación abismada, aparecen las propuestas temerarias de magnates que se sueñan tiranos con millones de seguidores virtuales y ni un centímetro de territorio. Curtis Yarvin (asociado a Steve Bannon) quiere una “dictadura corporativa”, Elon Musk cree que él mismo y su empresa son ya una forma de gobierno legítima, Raymond Kurzweil fantasea con un gobierno tecnológico basado en la superioridad de la IA por sobre lo humano… Y cuando le preguntaron a Milei, -“¿usted cree en el sistema democrático?”-, dijo que tenía “errores” y respondió, “digamos, o sea” mediante, -“¿Conocés el teorema de imposibilidad de Arrow?”- Su respuesta significa que desde su ideario la democracia es contraria a la posibilidad de un mundo constituido por agentes racionales que persiguen sus intereses individuales en condiciones de “competencia perfecta”, es decir, su modelo abstracto, metafísico, tiene una validez que la democracia, imperfecta, y hasta irracional a su mirada, no podría alcanzar. En el fondo, lo que llama “comunismo” o “colectivismo” es la democracia misma.

    Antes que diagnósticos de coyuntura o apuestas en el hipódromo de la política, planteábamos algunas hipótesis para, sin esquivarle a la coyuntura, buscar construir criterios de análisis que no se reduzcan a lo coyuntural.   

    1. ¿Qué significa elegir en estas condiciones? Tal vez, eso que llamamos “elección” no resulta posible hasta que se nos presenta como inevitable la decisión: o bien cuando el presente se torna inaceptable, o bien cuando una hendidura deja pasar, en medio de esta realidad opaca, una expectativa creíble, algo más luminosa. Un filósofo existencialista llamaba la atención sobre una fórmula: “elegir la elección”. Cuando elegimos un producto en una góndola, ¿elegimos previamente ser consumidores?, cuando escogemos una palabra que creemos adecuada, ¿fuimos primero consultados sobre el idioma que hablamos… y habla por nosotros?, cuando vamos a votar un domingo soleado, ¿elegimos realmente las opciones impresas sobre papel de dudosa calidad? Se discute en la radio y en la televisión si una elección intermedia puede tener tanta relevancia, las redes anticipan las posibles lecturas del mapa una vez conocidos los resultados, es decir, las narrativas convenientes a cada sector y las miserias interpretativas. Sin desconocer la incidencia de la votación en la configuración actual de las relaciones de fuerza, da la impresión de que no se trata del momento en que se elije la elección.  

    La campaña, magra en ideas o proyectos, más bien dominada por el espanto mutuo, pareció confirmar el desinterés de los distintos espacios políticos por revertir los altísimos porcentajes de ausentismo. Cada quién le dedicó lo necesario a su segmento de votantes, reforzándolo, con las consignas y prejuicios habituales, escondiéndose del resto de la sociedad. Pero hay una zona del electorado menos representable, quizás ligada a la diáspora electoral que se viene manifestando, síntoma de problemas más estructurales como la pérdida de legitimidad de lo público y la ausencia de un horizonte común. Ni expectativas colectivas de un mejor vivir, ni sensación de formar pare de la misma trama ante un escenario dramático como el que en parte ya experimentamos. No hay un lugar común en disputa, ya que es la idea misma de que existen “asuntos comunes” lo que ingresó en una crisis aguda. Consecuentemente, priman las burbujas, preconcebidas y engordadas con alimento balanceado algorítmico a travpes de las interfaces que sobredeterminan quién se entera de qué cosa. En el fondo, una vez alcanzado el techo previsto dentro del propio segmento, por definición, no se lo puede incrementar, sino solo inflamar.

    Entre las facciones y las consultoras, generalmente pagadas por alguna de las facciones o por sectores del poder permanente, se reparten todo aquello que se puede decir dentro del marco de lo representable; pero no sabemos cuánto representa, valga la redundancia, eso representable. En el fondo, la reticencia a votar de una parte más que llamativa de la población y la resignación que sobrevive en el gesto de los votantes poco convencidos, se corresponden con la incapacidad de interpelar por parte de las fuerzas políticas. Una campaña que se parece a las escondidas es el reverso del desinterés mayoritario de las personas en las elecciones. De todos modos, elegir no elegir, tampoco significa elegir la elección. En un contexto gobernado por el corto plazo, la sensación de que el gobierno podría caerse parece compatible con el temor a la caída de artimañas fundamentales para el sostenimiento de estrategias vitales en quienes peor la pasan (donde, por ejemplo, los importados, las cuotas, los reintegros bancarios, el endeudamiento se volvieron elementos clave de economías e intercambios informales). Mientras tanto, los sectores medios, una vez más sumidos en la trampa populista del dólar barato, cultivan un “sálvese quien pueda” con algo más de espalda.        

    2. Podría tenerse como hipótesis que sobrevive un resto no representable, que involucra tanto lo anímico como las necesidades básicas, el orden de la fantasía y el semblante caprichoso que en un momento dado se apodera de cualquiera. ¿Existe un punto de vista de lo no representable? Por ahora, ese resto insiste como punto ciego de todas nuestras previsiones, de nuestras conjeturas y anhelos. Es ahí, fuera del alcance de los algoritmos con su pretensión de traducirlo todo en información (para volverlo controlable) y orientarlo todo por conductos específicos, que moran las posibilidades de nuevos lenguajes para nuevas conversaciones. No en una ubicación especial de nuestro país (mucho menos una provincia pintada vulgarmente con un color partidario tras el conteo de boletas), ni necesariamente en un sector social homogéneamente definido, sino en una zona de buena parte de nosotros, en un espacio, digamos existencial, que espera elegir la elección o, en el mejor de los casos, es el lugar de elaboración de esa posibilidad.  

    Predominó en la campaña la renuncia a interpelar a ese espacio vital, anímico, mental de un pueblo castigado y disperso. La oposición peronista pareció responder a una orden: “no hagamos olas”. Es decir, con la expectativa de que el oficialismo “se cocine en su propia salsa” (como tristemente le respondió Perón a un periodista que le preguntaba por el Navarrazo en Córdoba), el peronismo llevó adelante una campaña a reglamento, el territorio justo y necesario y pocas apariciones mediáticas con capacidad de exceder los espacios propios. La experiencia fallida del Frente de Todos no quedó atrás en la memoria de los electores, el nombre de Massa asociado a una altísima inflación y los aquelarres de un Alberto Fernández desnudado dos años antes de terminar su mandato. Es cierto que, más allá de la precaria embestida con falsas acusaciones a Jorge Taiana, se trataba de un candidato libre de corrupción, como ocurre con la principal referencia en la provincia más importante, que es el gobernador Axel Kicillof (tensado tanto desde dentro como desde fuera). Pero no se encargaron de trabajar sobre esas virtudes no reconocidas al peronismo, ni de levantar propuestas audaces, ni siquiera de un “Braden o Perón”, sino que, más bien conservadores, orientaron la campaña a movilizar en su favor el descontento con el gobierno. Y tampoco lograron eso; el ausentismo les ganó.

    Por su parte, las listas vergonzantes de La Libertad Avanza: en la provincia de Buenos Aires, con el renunciado Espert por su vinculación con fondos sospechados por narcoráfico –nada menos que por la justicia estadounidense–, pero, a su vez, el reemplazante de Espert, Diego Santilli, fue financiado por el condenado por estafa Leonardo Cositorto; en Río Negro, la diputada y candidata a senadora Lorena Villaverde, con una causa por tenencia de cocaína para tráfico en sus espaldas; en CABA, Patricia Bullrich y un financiamiento sospechoso por vía de una empresa láctea ( cuya ruta conduce al mismo financiamiento narco detrás de Espert y Villaverde), y el primer candidato a diputado Alejandro Fargosi, expulsado por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires por corrupto, a quien, como si fuera poco, se le conocen expresiones antisemitas contra una diputada de la nación. Además, ¿tienen Fargosi y Bullrich vínculos con Gustavo Bruzzone, quien estuvo prófugo tras ser acusado de su participación en una trama narco que organizaba el envío de droga desde Rosario hacia Emiratos Árabes Unidos? Pero ante éstas y tantas otras cuestiones por las que buena parte del gobierno debería ser investigado, nos preguntamos: ¿Cuánta gente realmente sabe de estas cosas y a quiénes les importan?

    Luego, más allá de candidaturas testimoniales y los sueltos de siempre, se presentó Provincias Unidas como un acuerdo superestructural entre gobernadores que van del PRO al peronismo de derecha, pasando por un radicalismo baqueano, más cercanos a darle sustento político al gobierno que a ejercer como oposición y actuar como barrera de contención de los habitantes de sus propias provincias. Es decir, nada nuevo bajo el sol del domingo. El gobierno bebe una y otra vez de la polarización, favorecida por los mecanismos perceptivos de la época, que simplifican toda realidad y distribuyen binariamente “opciones” que se eligen por fuera de cualquier imagen de horizonte común.

    3. ¿Qué se puede avizorar del escenario post electoral? Hay quienes se preguntan por el fortalecimiento de Karina Milei, luego del escándalo por coimas en perjuicio de los discapacitados, afectados, aparte, por recortes brutales; otros hablan de la “astucia” de Santiago Caputo, quien trabaja de manera irregular para el Estado argentino –en ese punto su astucia parece imponerse-, pero hay un problema de fondo sobre el que no se habla tanto: no son los individuos con su alma y su astucia los que hacen historia, sino las configuraciones históricas (dependientes de procesos que nadie maneja completamente) las que hacen o no lugar a las astucias y los desempeños eficaces. Tampoco la osadía es atribuible como rasgo personal, por ejemplo de, un supuesto “outsider” (al cual llamamos junto a Miguel Benasayag, en este diario, “el adaptado por excelencia”[1]); de hecho, para los griegos había algo más importante que los rasgos personales: la oportunidad (kairós). Es decir, que una osadía por fuera de su momento, puede volverse simple necedad, incluso obstinación perdedora. Lo que fue eficiente en la campaña de Milei hoy aparece ridículo, el charm inicial del candidato contrasta con un presidente despintado, cuyo enojo es más resentido que excitante; un presidente ahora asediado por sectores de poder que le piden moderación y buenos modales, para seguir haciendo lo de siempre.

    4. El rasgo saliente de esta etapa consiste en el hecho de que el gobierno de Milei desconoce los mecanismos básicos de la institucionalidad en un tiempo histórico en que esa misma institucionalidad sobrevive con una legitimidad renga. En ese sentido, nadie parece escandalizarse ante un gobierno que ejecuta su voluntad por decreto. De hecho, los gobernadores y legisladores colaboracionistas (beneficiarios del lenguaje lavado del periodismo con el mote de “dialoguistas”) especulan y lejos están de responder a un horizonte de fortalecimiento de la institucionalidad; esperan por más recursos de un gobierno que cree más en la decisión de facto, que en las mediaciones del derecho.

    El gobierno ya creía poder continuar del mismo modo, más allá de unos puntos más o unos puntos en la elección, porque cada vez cuenta menos la legitimidad que da vida a las instituciones.Intervenido por el ministro de economía de Estados Unidos (un trader de grandes ligas) se propone seguir gobernando, a como dé lugar, contra mayorías y minorías, es decir, aprovechando el tiempo que legalmente le corresponde, para adoptar políticas que no necesariamente gozan de legitimidad (la pregunta por el ausentismo no debe ser postergada). ¿Apostará el gobierno a profundizar el esquema híbrido de leyes con legisladores y gobernadores comprados, decretazos, vetos e incumplimiento de las leyes que lograron superar los vetos (universidad, emergencia en pediatría, Garraham, etc.,)? Estamos frente a un escenario que se presenta como una encrucijada para las mayorías y minorías afectadas, hasta ahora sólo protegidas por la masividad de las manifestaciones, ya que, dependiendo del umbral de participación en las calles, el gobierno, Bullrich mediante, se encargó de reprimir con violencia y condimentos propios de la paraestatalidad, como infiltrados y armamentos ilegales.

    5. Un gobierno intervenido por otro (la gestión Trump de Estados Unidos), en medio de una secuencia escandalosa de endeudamiento y negociados financieros a costa de los recursos públicos, con un “dólar campeón” desobediente y las reservas a la baja, sin alianzas sólidas ni mayorías reales ¿es un gobierno? ¿Ésta era la pregunta antes de la elección? Pero el desgobierno no se impuso, el ciclo abierto por 2001 se cerró; proliferan, en cambio, situaciones de hecho locales y extranjeras. El Wall Street Journal afirmó que Estados Unidos está detrás de recursos importantes de la Argentina, cuyo gobierno aparece frágil y obediente ante las autoridades del norte. Una Argentina, la de Milei, que aparece ante su nuevo acreedor como una pieza más dentro de un tablero en el que no decide nada. Un gobierno expuesto a la escalada previa a las elecciones hubiera sido, en otro momento, un gobierno terminado; pero nuestra época parece favorecer la permanencia de lo “terminado”, con baja o nula institucionalidad, un respirador artificial para la economía y con una oposición acomodaticia o especulativa y sin reacción, donde quizás sólo reste el despertar de lo no representable, o de aquello ingobernable en un pueblo históricamente inquieto. Pero incluso eso puede salir mal.

    La nuestra parece una sociedad resquebrajada que está lejos de la cosa pública y se sorprende, también como signo de lejanía, cada vez que esos malos conocidos o esos nuevos por conocer se revelan miserables títeres del soborno o gozosos e indiferentes ante la vida acuciante de las mayorías. El efecto más contundente del llamado “voto bronca”, como también del desentendimiento cínico o indiferente respecto de los asuntos comunes, es una discusión política de menor calidad y un desfiladero de personajes entre bizarros y siniestros, por los espacios institucionales. La cúpula empresarial de nuestro país, incluyendo algunos alérgicos a las leyes y los impuestos que viven en Uruguay, tiene la oportunidad de incidir en la conformación de un andamiaje jurídico a su favor (reformas laboral, impositiva, jubilatoria) con una especie de gobierno de “los copitos” empoderado como mascaron de proa. Mientras que las aporías de la antipolítica –Milei parece ejemplar, en ese sentido– nos exponen a una descomposición social más vertiginosa y descarnada. Por ahora, Pero no se puede subestimar ni al gobierno ni a las condiciones de riesgo en que no deja de sumergirnos.

    En un contexto en que el dato más significativo es el ausentismo, ya que la homogeneidad del oficialismo (con el aparato del Estado y todos los salvatajes a su favor) y la dispersión de la oposición, no son ninguna novedad en nuestra historia reciente, hay quienes aguardaban los resultados de las elecciones pensando en un puñado de especuladores al que pomposamente suelen llamar “mercado”… ¿Qué derrotero será suficiente para don Mercado? ¿Qué ocurrirá cuando baje la espuma? Preguntas que corresponden al equipo económico, artífice de un plan que dilapidó la megadevaluación, la cosecha y el blanqueo récord del año pasado, el nuevo endeudamiento con el FMI, los dólares negociados por atrás las cerealeras y ahora depende de un trader que ocupa el ministerio de economía de EEUU. La pregunta que no se hacen los Milei, los Caputo, las Bullrich, ni los mercados, es ¿cuánta tolerancia o movilización habrá en la mayoría que no votó al gobierno o que directamente no fue a votar? Es la pregunta por lo que pasa debajo del radar algorítmico y que, al mismo tiempo, escapa a la percepción de los viejos zorros de siempre. Es una pregunta que nos escapa tanto como nos concierne.  

    Nota: tiene interés mencionar que se trata de un texto escrito el domingo antes de conocer los resultados, con unas ligeras actualizaciones para la presente edición)


    [1] https://www.perfil.com/noticias/elobservador/el-outsider-que-es-el-adaptado-por-excelencia.phtml

  • Nuestro Maestro, Paolo Virno

    Nuestro Maestro, Paolo Virno

    Se nos fue un maestro sensible, intransigente, elegante.  Una referencia para ubicarnos en un tiempo que desubica. Paolo Virno, militante marxista de semblante singularísimo, no esperó a cumplir su pena como preso político del fascismo de siempre, para bosquejar una obra a la que dedicó su vida. Materialista radical, asumió que, en una etapa en que el capital –como respuesta a la rebeldía de una joven generación de trabajadores contra la disciplina fordista– moviliza las capacidades humanas genéricas (cognitivas, afectivas, cooperativas) para engendrar nuevas y más sofisticadas formas de explotación, debía elaborar una suerte de antropología filosófica a la altura del nuevo desafío. Nunca se trató de un “gusto” intelectual, ni mucho menos de una dialéctica sofisticada, sino de una necesidad. Sus libros son bien complejos: exhaustivos y rigurosos, ricos en descripciones y figuras que ayudan a pensar nuestra época, imaginativos políticamente y, seguramente sin proponérselo, encierran algo de su semblante. Nos legó, entre otras cosas, la preocupación por las posibilidades subversivas que se ciernen en la ambivalencia de las vidas precarizadas, ahí donde el estropicio del capitalismo rentístico y rapaz hace su trabajo de zapa. Amante del encuentro festivo, de la discusión horizontal, deslumbrante como profesor, sencillo y afectivo para la conversación. Bastaban una pizza, una birra y una sigaretta para que la pasión del pensamiento tomara la escena.

    En Argentina fue publicado y leído, aunque siguen pendientes lecturas y apropiaciones de núcleos decisivos de su obra, tal vez, de sus zonas más áridas. Caben mencionar sus primeras traducciones en nuestro país, por parte de Colihue, Tinta Limón y Cactus, luego Paidós, Fondo de Cultura Económica, La Marca… Desde Red Editorial, junto a la editorial española Tercero Incluido, lanzamos la Biblioteca Paolo Virno, que lleva cuatro títulos publicados y dos más en proceso.

    Deseamos encontrarnos con quienes hayan percibido algo imprescindible al leerlo o escucharlo, algo que hace de su compañía (la de sus palabras y gestos) un motivo de entusiasmo para la lucha que nos toca. Tal vez, como ocurre con la amistad, el amoroso encuentro con la rareza propia y ajena, el desafío de lo excedentario es la justeza. En el momento justo, con el tono justo, habremos de encontrarnos.

  • Ariel Pennisi en La inmensa Minoria

    Ariel Pennisi en La inmensa Minoria

    Ariel Pennisi, entrevista en «La inmensa minoría», programa de Reynaldo Sietecase en Radio Con Vos. 
    Recuperamos algunos planteos que aparecen en el libro «Linchamientos. La policía que llevamos dentro» (Autonomía en Red Editorial)