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QUIENES SON LOS FANÁTICOS

FRAGMENTO Nº2

La estrategia comunicacional del PRO, luego de Cambiemos y siempre de los medios de comunicación interesados, viene presentando las opciones electorales en términos de la contraposición moderación-fanatismo. La opción kirchnerista del peronismo supondría algún tipo de “radicalización” populista o incluso izquierdista. Montándose en esa construcción alejada de la realidad, fomentada en espejo por las fantasías ideológicas del propio kitchnerismo, los sectores victoriosos en las elecciones del 2015 se lanzaron a una suerte de contrarrevolución. De modo que vivimos efectos contrarrevolucionarios por una revolución que nunca ocurrió.

Esta tensión parece ingresar en su fase final. Sin embargo, no hay izquierda y derecha en juego entre las fuerzas mayoritarias que se enfrentan en este momento. La polarización deja ver, por un lado, un espacio peronista que reúne fuerzas conservadoras (con Alberto Fernández, Massa, la liga de gobernadores y el sindicalismo burocrático) con parte de la experiencia progresista de los últimos 20 años (de Pino Solanas a Vicky Donda pasando por el Movimiento Evita); del otro lado, la derecha fanática y arcaica junto con el peronismo más rancio, modernizados por el uso de las nuevas tecnologías del marketing y modales esculpidos por el coaching. Y la pelea central parece estar concentrada, aun hoy, en hacer visible o esconder bajo la alfombra al fetiche de los fantasmas ideológicos polarizados, Cristina Kitchner y su liderazgo, reducido a la puesta en valor inevitable de su volumen de votos.

Es decir: ningún capital concentrado, ni acreedor de la deuda externa ilegítima, ni banco, ni concesionaria de servicios públicos corre riesgo alguno. Pero los sectores más reaccionarios de la Argentina, aun contando con un peronismo del otro lado que se propone casi a medida (pagador y moderado, con solo una tibia promesa redistribucionista), aún después de los resultados electorales, perseveran como el escorpión. Su fanatismo no es cuestión de desquicio psicológico, no están locos ni son tarados, apoyaron y siguen apoyando a Cambiemos porque está en su naturaleza. Los señores de los campos, los dueños de la energía, los sectores financieros más delictivos y los contratistas de obra pública asociados a las familias que hoy gobiernan, van por todo. ¿Qué significa eso? Un simple enunciado que no pueden pronunciar, pero que practican y de a momentos se les escapa: «nosotros mandamos y el resto obedece». Esta es la consigna autoritaria que la mezcla de democracia y poderes fácticos hace posible. Este es el eslogan que se impone porque la desmovilización de la creatividad y de la imaginación política lo permitieron y aun lo permiten en un nivel.

A diferencia de 2015, cuando el consenso en torno al ajuste angostó las opciones (los economistas de Scioli lo presentaban bajo un falso binomio: “gradualismo o shock”), hoy se trata de la legitimación o la puesta en suspenso del fanatismo oligarca apropiador y autoritario, del ajuste, de la represión, de la destrucción de derechos y la reforma laboral definitiva, entre otros sometimientos. Frente a esta alternativa el suspenso es una razón precaria pero suficiente para apoyar la alternancia peronista. Pero insuficiente para clausurar la cautela y aplanar los matices del momento en el que estamos.

No permitir que esos matices vuelvan a transformarse en falsos contrastes y, a su vez, afirmar la diferencia entre los dos términos de la coyuntura electoral que nos involucra, es parte del sostén de la condición anímica indispensable para que el entusiasmo vuelva a urdir tramas y habilite una permeabilidad disponible para que esas tramas pongan a prueba nuestra capacidad de habitar nuevos modos de vida. 

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