Economía

Acerca de nosotros: los créditos no llegan y sube el dólar

Economía VI

Julián Denaro*

¿Por qué a las empresas les cuesta percibir el crédito dispuesto por el Estado? ¿Por qué subió el dólar?

Los Bancos tenían más de un billón (un millón de millones) de pesos colocados en Leliqs (títulos públicos) y Encajes (depósitos en el Banco Central), los cuales reportan jugosos intereses, aún en tiempos de parate económico. Pero justamente, para auxiliar a sectores que están padeciendo la cuarentena con cese o disminución de actividades, el Gobierno decidió, a través del Banco Central, liberar una buena parte de todo ese monto de dinero inmovilizado que tenían los Bancos, de modo de poder otorgar créditos laxos a empresas que necesitan con urgencia el dinero en vistas a pagar sueldos y costos fijos. El espíritu de la medida era utilizar esos recursos para aliviar una porción del conjunto de complicaciones que está afrontando la sociedad en su conjunto y nuestro aparato productivo en particular. 

Destáquese que el dinero que manejan los bancos es dinero del conjunto del pueblo argentino. Entonces, ese dinero, antes que contribuir a seguir incrementando las ganancias de los bancos a la misma velocidad de siempre, como si todo estuviese funcionando con normalidad, y ocasionando mayores penas para nuestro pueblo, debería servir para orientarla según nuestras propias necesidades. Y no debe olvidarse ni pasarse por alto que los bancos fueron los que más se enriquecieron durante el gobierno que implementó un Modelo de Valorización Financiera y endeudó al país a niveles históricos, mientras los argentinos nos empobrecimos. 

Focalizando en esta cuestión, y considerando quiénes son los que manejan el poder económico del país –lo que se conoce como poder fáctico–, es importante que “nosotros”, el pueblo, podamos organizarnos a través del Estado para poder regular y controlar este poder tan abusivo que nos ha saqueado sin cesar. Por cierto, el caudal constante de ahorro del pueblo argentino, debería utilizarse para financiar obras de infraestructura, un plan de viviendas y un proyecto de desarrollo industrial, científico y tecnológico, en vez de ser utilizado por la banca local y trasnacional solamente para engordar sus ganancias y fugar del país los intereses obtenidos a costa de nuestro dinero.

¿Entonces, qué pasó con esta nueva medida?

Los bancos no le prestaron ese dinero a quienes necesitaban como el agua un crédito a bajas o nulas tasas de interés, sino que la utilizaron para dolarizarse a través de distintas herramientas y canales conocidos, como por ejemplo el Contado con Liqui, que consiste en comprar acciones en pesos en nuestro país y venderlas en la Bolsa de Nueva York, recibiendo los dólares en la cuenta propia radicada en el país extranjero. Naturalmente, esta voracidad por adquirir los dólares, exacerbó el apetito de ganancia de los distintos sectores especulativos nacionales y extranjeros, que no son productores de bienes y servicios, sino brazos ejecutores del sector financiero trasnacional, que no tiene ni bandera ni sentido social. En consecuencia, el precio del dólar comenzó a subir, sin importar a quién o a quiénes perjudica. 

A la vez, es más fácil dominar a las mayorías cuando las someten a un saqueo insensible sin restricciones. Así las cosas, estos sectores proceden a fogonear variables que desestabilizan las posibilidades de construir una organización en derredor de la producción, el empleo y las mejoras sociales. En resumidas cuentas, la suba del precio del dólar les resulta óptima por partida doble. Por un lado, porque cuando sube el precio del dólar se enriquecen los que manejan dólares y, por otro, porque debilitan las intenciones productivas que manifiesta el gobierno actual conducido por Alberto Fernández, que, por ende, riñe con las pretensiones de auge de las finanzas sobre la producción, el empleo y una distribución más justa y equitativa de la torta total. 

Como se ve, es un momento muy especial, pero muy oportuno para tomar posición, para que como pueblo tomemos la decisión firme de cuidar lo que es nuestro. Uno de los puntos clave es el mencionado anteriormente, que consistirá en diseñar un sistema financiero que se complemente colaborativamente con una organización económica, política, comercial y cultural que consagre el trabajo, la producción, el desarrollo, la ciencia, la tecnología, la inclusión social, la movilidad social ascendente y el progreso como sociedad. Pero, a través de este breve artículo, también nos proponemos mencionar otros dos puntos estratégicos. 

Uno es la imperante necesidad de evitar los abusos de poder de grandes intermediarios que operan en eslabones cruciales de la cadena de producción, distribución y comercialización de alimentos. En un extremo, funcionando como acopiadores que les imponen precios bajos a los pequeños productores, y en el otro extremo inflando los precios que pagamos todos los consumidores. Es impostergable la necesidad de garantizar el abastecimiento en todo el territorio nacional, estimular a pequeños productores, cooperativas de trabajo, secretarías de agricultura familiar por regiones, dinamizando las economías locales y consiguiendo la soberanía alimentaria que permita alcanzar el desarrollo económico con el bienestar de todos. 

El otro punto se relaciona con el impuesto a los sectores más ricos. No se trata de hacer lo que siempre hicieron estos, que se enriquecen a costa de meterle las manos en los bolsillos a las mayorías, empobreciéndonos, para ellos engordar su riqueza rápidamente. No se busca disminuirles la riqueza, pero sí intervenir sobre la velocidad de acumulación de la misma. Es decir, a través de impuestos progresivos, lógicos, racionales, razonables y justos, hacer que el incremento de su riqueza se dé a menor velocidad. Se ha estudiado, medido y calculado lo suficiente, que esa medida moderada alcanza para mejorar significativamente la distribución de ingresos de la sociedad con el propósito de disminuir la inequidad y la injusticia dominantes no solo en nuestro país, sino en el mundo. 

El período de estos cuatro años de la Presidencia de Alberto Fernández, hasta diciembre de 2023, nos tiene que encontrar unidos consiguiendo estos y muchos otros objetivos más, que nos conduzcan a conquistar la Justicia Social, en una Gran Patria Soberana, y donde nos ayudemos como hermanos, que lo somos.  

* Economista (UBA), Profesor en Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de la Matanza. Columnista económico en C5N, consultado también por algunas radios. En este momento se encuentra finalizando la Licenciatura en Psicología (UBA). Autor de seis libros, siendo los dos últimos Del país dividido a la revolución cultural (2017) y Argentina entre las disputas de poder 2012-2019 (2019). 


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