Análisis militante. Una iniciativa de la Cátedra Abierta Félix Guattari en las crisis

Episodio XVIII

I.

Desde la Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de lxs trabajadorxs venimos llevando adelante diversas iniciativas en esta coyuntura intentando ensayar un laboratorio clínico y político ante los desafíos del presente. A saber: a) grupos de análisis militante en cooperación con movimientos sociales y trabajadorxs de la economía popular; y b) articulación con diferentes activismos y militancias organizadas con eje en la problematización de la experiencia en estas crisis. Buscando así explorar prácticamente los desafíos históricos que nos plantea, al conjunto de lxs oprimidxs, esta situación de drama social. En este sentido, hacemos de la problematización de las prácticas que nos producen malestar social, el territorio de una investigación militante implicada en la crisis. Los grupos de análisis militante, espacios de encuentro y experimentación entre compañerxs que operan mediante un abordaje crítico que consiste en politizar las relaciones concretas que producen malestar social. Nosotros no sabemos qué hacer en esta situación, pero guardamos fidelidad a los elementos de inteligencia colectiva que insinúan, en estos momentos, las sublevaciones e instituyentes por venir. Por eso, los grupos no prestan servicios de urgencia psiquiátrica, contención psicológica, asistencia psicoterapéutica, ni tratamientos de ninguna índole en los cuales nosotros nos pararíamos en el lugar de especialistas (exteriores) en el “psiquismo”. Es una mínima contribución, en cooperación con experiencias concretas de organización y de lucha con las cuales estamos vinculados, a producir una perspectiva popular de estas crisis; por lo que quienes intervenimos como “coordinadores” también estamos afectados por el drama histórico. 

II.

Dado que todo síntoma es político, no podemos dejarle la politicidad de los malestares al capital y el Estado, como tampoco reducir el sufrimiento social a los saberes y poderes “psiquiatrizantes”, “patologizantes” “psicologizantes”, “psicoterapeutizantes” dominantes (sea de la psicología, el psicoanálisis, las “pastillas de la felicidad” o las “terapias new age”). Politizar el malestar social supone hoy disputar el sentido político de las crisis. En esta coyuntura no existe ni un solo tema relativo al inconsciente que no implique una investigación militante que alcance a problematizar las crisis y situaciones (situema) en los que se produce, contesta y reproduce el malestar social cada vez de forma conflictiva. Análisis militante es también el nombre de una fidelidad a la exigencia situada de politizar nuestras vidas estalladas. Allí los grupos de análisis militante apuestan por una auto-organización desde abajo en torno a la “salud mental”. Nada tienen que ver con el desarrollo de una posición de “subjetividad heroica”, sino más bien con la apuesta de problematizar una experiencia social de malestar desde la “posición objetivada” en común. Se desarrollan junto a aquellxs compañerxs que se encuentran en diferentes territoritos poniéndole el cuerpo a la resolución de las urgencias sociales y económicas, intentando satisfacer las necesidades más elementales que requiere nuestro pueblo. Por mencionar solo algunos de esos territorios, nos referimos a fábricas y empresas recuperadas; cooperativas de trabajo que producen sin descanso, con todos los riesgos que implica, los llamados “bienes esenciales”; comedores en barrios populares; movimientos sociales que garantizan la distribución de los insumos básicos de subsistencia.

III.

Las crisis que afrontamos pueden operar como analizadores en los que se radicalizan problemas, conflictos, contradicciones y antagonismos. Vivimos tiempos convulsionados de crisis (de la reproducción, de la subjetividad, institucionales, sanitarias, de los cuidados, de acumulación, etc.), en los cuales se encuentra en disputa si saldremos de esta coyuntura con un proceso descendente de desigualdad social o con un ciclo ascendente de luchas de clases donde se evidencie, de manera aún más conflictiva y dramática, la contradicción entre el orden del capital y la sostenibilidad de las vidas. Precisamos un método de las crisis: la interrupción como oportunidad política para una operación colectiva de singularización instituyente. Las crisis como grado cero de un cuestionamiento radical, en todas las prácticas, de la “normalidad capitalista”. El acorralamiento como punto de partida de nuevos posibles en pugna. La crítica y la clínica realizadas desde la perspectiva de una politización del sufrimiento social. 

IV.

Existe una relación interna entre las crisis generalizadas de la sociedad capitalista, las luchas de clases y la configuración inconsciente de la sintomatología de la vida cotidiana. Atravesamos una crisis de las subjetividades dentro de las crisis generales. Pero también esas subjetividades producen crisis, es decir elaboran elementos de inteligencia para disputar las crisis cuestionando su “normalización” en los mecanismos de privatización capitalista, violencia derechista de tipo “fascista” (micro y macro), o gestión estatalizante. La crisis en sentido estrecho refiere a aquella forma a través de la cual se desgarran las contradicciones sistémicas del capitalismo patriarcal-colonial. Y las crisis en sentido amplio aluden a aquellas situaciones problematicas de la experiencia concreta de los sujetos de la acción/pasión, en las que efectivamente tienden a estallar las mismas premisas que organizan la vivencia de las relaciones sociales. El análisis militante en situación de intervención es un método consistente en “politizar” lo inconsciente en relaciones concretas. De modo que allí el punto de miras de la crisis es clave para politizar lo inconsciente del síntoma social, disputando un aspecto específico de la lucha de clases en el plano de la singularización de prácticas antagonistas que parten de problematizar el padecimiento que nos produce la posición objetivada en esta coyuntura. Las crisis operan, por ende, como el grado cero de un análisis militante, pues allí se agudizan y condensan las contradicciones a nivel de las experiencias concretas, bajo la forma de situaciones-problematicas, antagonismos y conflictos, posibilitando una práctica que cuestione las condiciones inconscientes del sufrimiento social.

V.

Lo que llamamos análisis militante del inconsciente se filia en el esquizoanálisis instituido por Guattari y en la tradición del análisis institucional realizado por Lourau, Lapassade o Baremblitt. La politización del inconsciente funciona como la premisa práctica del análisis militante en situación de intervención. La privatización del sufrimiento social, en este contexto, es combatida por múltiples prácticas de sabotaje que cuestionan, por abajo y desde nuestra posición objetivada, el sentido dominante que se le otorga a las crisis impidiendo su cierre en favor del capital y contra la sostenibilidad de las vidas. El análisis militante, a decir verdad, ya se desarrolla un poco por todas lados en las experiencias que vienen instituyendo posibles para resistir y atravesar esta coyuntura. Hay prácticas, ahora mismo, que saben hacer en medio de la interrupción al construir alianzas en las crisis disputando el sentido de las mismas. La posibilidad de politizar el inconsciente es operativizada en inmanencia a las crisis desde el punto de vista de las luchas concretas y modos de organización por abajo que dinamizan potencialidades para afrontar este contexto. 

VI.

En medio de las crisis sanitarias, económicas, sociales e institucionales se condensa un padecimiento “psico-corporal generalizado” (angustia, aburrimiento, ansiedad, depresión, ataques de pánico, implosión, etc.). Las llamadas crisis no son una mera falla accidental y reformable del orden institucionalizado del capital. Las crisis, incluso la de las subjetividades, son mecanismos “normales” del funcionamiento de este sistema en el cual vivimos para trabajar y trabajamos para vivir en medio de un ciclo de acumulación de ganancias y explotación que es indiferente al sufrimiento que produce en los cuerpos concretos de manera desigual. Nuestro sufrimiento depende del modo como experimentamos la organización de las relaciones instituidas. Por lo que no es posible “reformar” o “curar” el sufrimiento social particularmente experimentado sin transformar las relaciones concretas que lo producen y la forma histórica en la cual padecemos esas relaciones. Así pues, dado que el sufrimiento, como reverso de la explotación, se intensifica y expande en todas las circunstancias existenciales de lo social, no comprendemos por qué habría que dejar esos problemas políticos y clínicos en manos de un monopolio corporativo de la “burguesía salutista” y sus fuerzas del “poder terapéutico”. Tal que la producción inconsciente del síntoma social pueda ser “normalizada” mediante mecanismos neoliberales de mercantilización, violentada según autoritarismos fascistas o regulada por gestiones progresistas. El análisis militante, en cambio, compone situaciones colectivas con un programa de politización radical de las condiciones inconscientes que producen las formaciones sintomáticas. Se trata de un operador estratégico: una mediación analítica estrictamente “infrapolítica” dispuesta, en situaciones concretas, para la construcción colectiva de una singularización antagonista “en” las crisis, asumiendo las posibilidades que ahora mismo se construyen del punto de vista de las luchas y modos de auto-organización en acto.

VII.

Concebimos el análisis militante como una “clínica política” que ya se viene anunciado en diferentes prácticas para atravesar las crisis y conflictos en curso. Una analítica en lucha posibilitada un poco en todas partes: en barriadas y territorios, huelga de pago de alquileres, políticas de cuidado y auto-organización sanitaria, reformulación de los consumos, solidaridad popular para gestionar la subsistencia, cooperación de los feminismos ante la violencia machista. Una analítica que opera desde todos los “frentes” de combate en situación de impasse. La dificultad de sistematizar eso que llamamos análisis militante viene dada, quizás, del hecho de que es una práctica en curso que desborda el acto mismo de nominación. Y que nos excede largamente a nosotros mismos. Como lo han mostrado las revueltas en todo el mundo el año pasado, acontece algo “terapéutico” en la conspiración colectiva y en la politización instituyente de la existencia. La economía política, libidinal y semiótica de la sociedad entra ahora mismo en colapso, y con ello la crítica radical es reformulada en acto por movimientos populares, prácticas “moleculares” y organizaciones políticas en batalla. En tiempos de incertidumbre, donde la elaboración subjetiva de las dinámicas de las crisis sacuden lo cotidiano, es importante investigar las posibilidades de futuro que aquí y ahora se generan para atravesar esta coyuntura. 

VIII.

La analítica militante es una clínica en y desde las crisis; en lo común que se abre cuando implosiona lo público y lo privado. Si hablamos de politizar el inconsciente es justamente porque lo concebimos como un problema político y social, es decir un proceso impersonal que se elabora en las personas y grupos. El espacio-tiempo del análisis militante sobre lo inconsciente, como se demuestra ahora mismo, no es el orden estatalista del capital y su gestión progresista, populista y/o neoliberal. El análisis militante encuentra su momento de intervención en el tiempo de las crisis, siendo su espacio los territorios, organizaciones, instituciones y grupos que expresan a una lucha de clases generalizada en todos los rincones de la existencia social poniendo en discusión las formas de vida y las relaciones sociales. 

IX.

El análisis militante es un vector de politización que ya atraviesa, hace tiempo y aún más en estas crisis, las actividades militantes agrupadas de manera organizativa, las luchas protagonizadas por los movimientos sociales (feminismos, ecologismos, economía popular, precariado, indigenismos), los activismos intensos en todos los equipamientos colectivos (hospitales, escuelas, barrios, hogares, universidades). La democratización de la “función analítica” que esto último implica, es decir, la tendencial colectivización de prácticas analíticas en todos los poros de lo social dedicadas a intervenir el plano de los deseos y sufrimientos, es un proceso de disputa en curso que es necesario acelerar en su faceta emancipadora. Lo inconsciente, en tanto proceso de producción construido entre heterogéneas relaciones (económicas, sexuales, culturales, técnicas, no humanas, políticas, deseantes, semióticas), se torna politizable en las crisis en la medida en que allí tienden a problematizarse todas las prácticas. Las crisis como “grado cero” de investigación práctica instituyente contra las tentativas de “retornar” al orden. 

X.

La crisis de la salud en general y de la salud mental en particular, en un contexto de crisis global y “civilizatoria” de la sociedad capitalista que tiene un largo aliento, se entreteje con la crisis ecológica como resultado de las tendencias devastadoras de la dinámica de la valorización incesante; la crisis de la deuda pública, privada y territorial; la incertidumbre generalizada en tiempos de guerra permanente; la crisis de las subjetividades resultante de la auto-valorización imperativa, la productividad del trabajo, la competencia y la precariedad; las crisis sociales, de la legitimidad y de las instituciones entre regímenes políticos violentos, desposesión colonizadora de las comunidades, miniaturización del Estado en lo cotidiano y autoritarismo impersonal del mercado. Análisis militante es el nombre que hallamos para una “clínica política” que, actualmente, tiende a desenvolverse como posibilidad hacia el interior de experiencias de resistencia y organización ante estas crisis. Una analítica motorizada desde el punto de vista de las luchas concretas que buscan poner en cuestión los sentidos políticos de las crisis, politizando el sufrimiento social que las relaciones establecidas nos producen. El problema técnico de un análisis militante, entonces, no es la interpretación del inconsciente (psicoanálisis), sino la transformación de las relaciones y procesos en los cuales eso se produce, elabora, contesta y reproduce.

XI.

El análisis militante de lo inconsciente no pretende promover un activismo en la clínica psicoanalítica, puesto que no se confunde con un psicoanálisis militante, y mucho menos, con una militancia psicoanalítica. Tampoco se trata de elaborar un dispositivo terapéutico dirigido a psicoanalizar los colectivos activistas, con los desvíos de grupismo sectario y grupalismo internista que eso podría implicar mermando la eficacia de influencia política. El objeto de nuestro programa de investigación política no consiste en desarrollar un psicoanálisis de la subjetividad militante. No obstante, la posibilidad de intervenir unas veces en el marco situacional de dispositivos grupales, no podría confundirse con la psicoterapia o con el psicoanálisis de grupo. Lo militante de un tal análisis estriba, entonces, en la politización radical de la dimensión inconciente de las diferentes prácticas concretas que constituyen las relaciones sociales. Remite a una cooperación analítica-militante interior a las experiencias de lucha y organización, explorando los potenciales que las mismas abren en torno a la problematización de los territorios existenciales. Pensar y activar desde la crisis, y no en pos de la “gobernabilidad” o “gestión de lo existente”, se torna ahora mismo central para investigar prácticamente las aperturas inmanentes hacia lo que, en estas condiciones, nos parecería imposible.

XII.

Una pregunta del análisis militante del inconsciente es cómo encarar la problematización práctica del deseo o el campo social de las fantasías desde el punto de vista de los malestares de los cuerpos en esta situación concreta, pero en convergencia con hipótesis estratégicas de significación de las crisis en sentido anticapitalista. Ética situacionista y política leninista, incluso en el campo del inconsciente en una investigación práctica sobre los instituyentes que abren las experiencias dramáticas. De qué manera reconectar los problemas del inconsciente con las tareas históricas de la lucha política de clases. Cómo asumir la politización de la salud “bio-psico-tecno-social” como problema al interior de organizaciones sociales y políticas con inserción en movimientos de masas, con influencia en las calles e instituciones, y con pretensiones de transformación social en un sentido emancipatorio. La politización del malestar que ahora mismo no podría sino encontrarse en la «agenda» de diversos activismos y militancias, pero también en el centro de nuestras vidas cotidianas implosionadas, evidencian que esta coyuntura presenta la oportunidad para motorizar aquí y ahora una analítica militante como método de singularización antagonista en las crisis para atravesarlas desde el punto de vista de los posibles generados en cada lucha. 

* Emiliano Exposto es docente de Filosofía (UBA), y militante de Democracia Socialista. Gabriel Rodriguez Varela es licenciado en Psicología (UBA). Ambos son integrantes de la Cátedra Abierta Félix Guattari de la Universidad de lxs trabajadorxs (IMPA). Publicaron El goce del Capital. Crítica del valor y psicoanálisis, y Manifiestos para un análisis militante del inconsciente.


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