Ecoocreatividad. Un ensayo posneoliberal.

Episodio CXV

Hugo Busso*

   

Definición de Ecoocreatividad

Ensayaremos hacer como ejercicio de abstracción y de síntesis la definición del concepto ecoocreatividad. Porque es el título del libro[1], porque es la vez es la palabra clave con la que se hilvanan sus argumentos. Y con los que ha entrado en debate y dialogo con varios investigadores, filósofos y activistas político-sociales. Lo haremos con el propósito explícito de lo que creemos podría ser, en particular, su praxis sociopolítica ideal (no normativa ni prescriptiva), como despliegue de la idea misma. En primer lugar, lo abordaremos en su dimensión filosófica, porque es una hipótesis heurística. Siendo la denominación intensiva (conceptual) y extensiva (casos de aplicación, ejemplos concretos) que ensaya aclarar las interdependencias del conocer (episteme), el hacer (praxis) y el prever (prospectiva, utopística) en relación con las condiciones de la acción política. Por esto abordamos la condición política de posibilidad postneoliberal[2] que incluye una idea de temporalidad, es decir del tiempo que evade a Kronos -lo lineal del mecanismo de los relojes-. También esquiva como precaución a los relojes más antiguos, que tienen a la gravedad como causa de lo que hace caer a los granos de arena, para llenar el recipiente como medida del tiempo moderno-eurocentrado, pero sin prejuicios entusiastas del progreso moderno desarrollista.

 La ecoocreatividad como práctica y significado discursivo que no se priva de la teoría es, desde nuestro punto de vista, la aceptación y promoción del tiempo del Kairós (la oportunidad), porque pretende ser el sentido del nombre de la dehiscencia. Es decir, la separación natural, la apertura espontánea: el momento en el que el fruto se abre y los granos saltan. En el ámbito de los mamíferos, puede funcionar como analogía porque es el instante en el que el ovulo es liberado por el ovario, como sonrisa viviente de la continuidad posible. En el contexto de la acción humana en sus dimensiones políticas y culturales, podemos entenderlo como la maduración de las condiciones factuales y afectivas interdependientes, que lleva implícita la ‘revolución’, entendida como el retorno transfigurado de lo que cumplió su ciclo, para comenzar uno nuevo. Es lo que llega al punto de la Krisis (el momento de la decisión) que sigue su curso, sin estancarse temporalmente en “el presentismo” y en la aceleración del modo de producción-consumo de la vida en sociedades neoliberales. Emerge como acontecimiento de llegada al Kairós, como lo que se cumple, y al estar hecho el momento propicio, aprovecha la oportunidad temporal precisa en su máxima aparición (pandemias, recalentamiento planetario, migraciones forzadas, cambios geopolíticos, debacles financieras), ante la inmovilidad atávica de lo ya está muerto en el derrumbe (mundialización económica neoliberal).

Luego del derrumbe del comunismo soviético, el neoliberalismo como reactualización ideológica del liberalismo clásico parece haber dado síntomas que es el camino elegido hacia más de lo mismo[3]. Porque no ha tomado con determinación ni con resolución el camino de la salud terrestre que ofreció la crisis (el tiempo de la elección para decidir la salud o la muerte) como el tiempo propicio de la decisión (Kairós). Y, muy posiblemente, no podrá tomarlo sin autodestruirse en cuanto discurso especifico, como precio de ser hegemónico. Aunque es de prever que mutara en muchos aspectos para prolongar su agonía. Por esto es por lo que la ecoocreatividad es la intención de causalidad futura, la propuesta de un imaginario emergente, como realidad dual de la realidad integral y totalizante del neoliberalismo. La ecoocreatividad aparece como una molestia prospectiva, es lo que no se quiere oír pero que implica algo imponderable y necesario, que busca reconocimiento analéctico[4] con resonancia auténtica con lo Terrestre. Es lo que pone, abrupta e indecorosamente, un nombre a su praxis e intención deliberada, experimental. Por esto va inventando un neologismo que une la visión ecológica, la integración cooperativa como gestión deseable de la egaliberté[5] como democratización de la democracia liberal-parlamentaria y la actitud de la alegría creativa-experimental enfocada en la solidaridad humana y Terrestre, como pasión inmanente, que celebra con lo viviente. O dicho en modo negativo, para afrontar la angustia de un mundo que, si bien no es el fin de la historia, puede ser el fin del mundo para gran parte de los mamíferos que habitan este magnífico y hermoso planeta. Por lo tanto, puede entenderse como la formulación de utopías concretas que empujen la apertura de un imaginario que será más bien performativo: en su decir se ira haciendo experimentalmente su propia identidad como articulación conceptual de sus prácticas diversas, como arte de lo posible que escapa a la tiranía de la política del presentismo neoliberal. Este modo de vida al eliminar el futuro y condenar el pasado ha cerrado el reconocimiento a cualquier alternativa que no sea la obsesión de la repetición de lo mismo, al aturdimiento bobo de una ceguera autoinducida. El “porrazo” civilizacional que nos demos será el dolor de lo que nos haga ver más claramente “lo real” por las consecuencias situadas sobre lo terrestre: lo viviente ecosistémico que entra en resonancia con la subjetividad y los imaginarios que estructuran en última instancia, el sentido común[6].

Si lo miramos con un poco de imaginación, la ecoocreatividad podría ser considerada la práctica común y grupal de ciudadanos que promueven en su praxis la égaliberté (igual libertad) en acto, sin concesiones. Sin prohibirse la práctica afectiva-intelectual de crear utopías concretas -o la utopística como actitud lúcida de enfoque de los hechos y la imaginación sensible-, que impacte deliberadamente en el sentido común. Para crear un imaginario concordante con su práctica encarnada en colectivos e instituciones, que serán actores del desacuerdo antagónico entre lo que muere y lo no enunciado aún. Por esto, muy probablemente irán dando lugar al error (sin que sea una pasión triste), para poder construir una verdad incierta, temporaria y compleja como la ciencia, que va poniéndose en cuestión a sí misma. Así, la ecoocreatividad puede ir creando rizomáticamente su visión artística, sin aceptar ni desear la tiranía de lo urgente. Por esto es una actitud deliberada que incita a una causalidad futura (un mundo vivible, donde lo Terrestre no reconoce jerarquías bíblicas de privilegio), que no desea repetir el problema pasado (la depredación moderna eurocentrada) y que ponga color a lo auténtico (la vida buena, el conatus como estar siendo la vida perseverante en su impulso, esfuerzo y tendencia a permanecer: el entusiasmo vital que hace del instante el eterno retorno de la intensidad vital). Por esto, la ecoocreatividad es la aceptación de lo político como espacio vacío agonal (an arkhé, sin raíz-fundamento, pero que no es la negación a priori de las instituciones), a llenar por la misma praxis dialogal, cuyo sentido tiene como condición la actualización real en su desarrollo, en el acontecimiento de la interacción entre verdades mutantes. Que integra los desacuerdos y los antagonismos como constitutivos e inherentes, siendo intransitivos, porque la ecoocreatividad se instituye en su praxis misma. Es decir, es a la vez poisesis (a hacer, el dar a luz) a la vez que acción como gesto y fuerza, que acontece como verdad en cuanto estar siendo praxis. Su propio espacio de posibilidad es la interacción y el entrar en juego, es gerundio y perífrasis permanente (estar siendo).

La ecoocreatividad aparece difusamente en lo conceptual y en la acción política como tendencias que se enraízan a modo de rizoma en los “individuos” que, cual crisálidas, se van auto despojando evolutivamente de la piel del in dividuo neoliberal. La ecoocreativiad es ese proceso de auto despojo del mito del individuo. Que asume que no existe ese espacio irreductible donde quepa el prefijo in del dividuo, como lo indivisible y coherente, como lo desea la ideología liberal y el individualismo metodológico en que cree sostenerse[7]. El individuo como imaginario, como metáfora de un átomo último, donde se sostiene la acción racional de individuos que calculan sus ganancias en el “divino mercado[8]” digitado por una “mano providencial e invisible”, es una quimera. Es un culto para la adoración del fetiche, al que se le otorga el valor principal de su nominación: “el capital”. Que si es invisible tal vez lo sea porque esa “mano armonizadora” es inexistente. Su efecto en cuanto practica de sentido es discursivo, su modo real de existencia es como ideologema[9]. En consecuencia, la ecoocreatividad es una posibilidad teorética para nuevas condiciones del actuar y de la acción, de renacimiento de sentido a nuevas formas inciertas de lo dividual, como manojo de tendencias contradictorias que integran la afectividad y la racionalidad en su praxis (sin exclusiones, ni jerarquías, ni privilegios a priori). Donde todo está a crear y a hacer, donde la pregunta ¿Qué hacer? es una incitación repetitiva al dialogo, una apertura del An Arkhé (Arké=raíz, fundamento, principio primero; el prefijo an es la negación del Arkhé) que clama ser recreado, derribando muros y aceptando cambiar de hotel[10].

El plan de guerra de Von Clausewitz deja lugar al Tao de las elecciones apropiadas, como sugiere Sun Tzu en el Arte de la guerra, porque son caminos que deben hacerse desde la incertidumbre del presente para elegir en situación, dentro de las tendencias contradictorias e inescindibles para abordar con inteligencia sensible la política, desde lo político mismo del desacuerdo inherente y constitutivo[11].  Es el Tao como Yin-Yang (negación de la traducción Yin y Yang), es el sentido que enhebra e imbrica con interdependencia “lo real” del porrazo con la posible sanación de la herida -o también, de la muerte ya anunciada-.  Es la apertura de la radicalidad democrática que impregna y contamina a todos los ámbitos del Oikos (casa), el Agora (mercado) y la Eclessia en su incumbencia decisional (político, económico, cultural, social), que privilegia lo común y la cooperación.

Posiblemente habrá en el futuro instituciones que conjuguen la ecoocreatividad (ecología + cooperación + creatividad) con horizontes transmodernos, en formatos institucionales inéditos. Sin abandonar la idea de democracia republicana, poniendo la cooperación y lo Común en que se sostiene la ecoocreatividad como situación ecológica-creativa, que subsuman la competencia y resuelvan los enfrentamientos en instituciones que deberán canalizar el dilema democrático. Instituciones que son posibles a condición de que el an arkhé sea un a piori del espacio agonal, que trasmuta el enemigo en adversarios. Espacio que niegue con su ética la violencia e impida desde sus valores la muerte del adversario como solución del conflicto. La Democracia es por esto interpretada como espacio cooperativo del pueblo (Demos) que no está obligado a priori ni al consenso, ni al acuerdo, ni a conflicto, ni al sometimiento permanente. La política desde la perspectiva de la ecoocreatividad puede ser un ensayo experimental, incierto y que alberga terceras posibilidades, que alquimiza creativamente los desacuerdos como efecto positivo. Que inhiba las variables de posibilidad del emerger de enemigos militarizados, promoviendo la aniquilación siempre “necesaria” de los enemigos. Por esto, la democracia debería ser la institución de un imaginario como espacio de lo político, que tenga como misión evitar la guerra (porque solo da cabida a los enemigos), abriendo la posibilidad de la muerte como victoria sobre el otro.

Por extensión al presente, la democracia ecoocreativa no acepta éticamente las hegemonías inhumanas apuntaladas en algoritmos que deciden sin cuerpo, en función de intereses que contemplan superficialmente lo viviente. La ecoocreatividad es la apertura incondicional, que sin ser el “ojo de Dios” -ni de Google, porque desde Gödel se sabe que, en última instancia, todo axioma (matemático muy en particular) es indemostrable-, contiene algo de imperativo deliberado y dogmático como principio fundante, arbitrario, indemostrable e inevitable: el Arkhé no puede ser fijo, ni permanente.

Cuando la ecoocreatividad coge un prismático que enfoca en la apertura resonante y simbiótico con lo viviente, sabe a priori que tiende a reconocer al otro como una experiencia individual, asociativa, colaborativa y conflictiva, análoga a la angustia de la hoja en blanco del escritor, a la tela del pintor antes de comenzar su obra. Es la experiencia común donde la verdad y la inteligencia son creaciones temporales colectivas. Donde la propiedad se desliza de su contenido individual hacia la facticidad de lo común-cooperativo. Que promueve en la geopolítica y en la economía un proteccionismo solidario, la economía circular y la economía de la funcionalidad, incitando como declaración de principio no a la posesión egoísta del bien o servicio (tangible o intangible). Sino a las mejores condiciones para el uso, acceso y usufruto de estos. Con el propósito deliberado e imperativo de 0 emisión, que sea eco sostenible en el tiempo, intergeneracional. Como perspectiva que promueve e instituye la radicalización democrática, ecológica, participativa y creativa. Radicalización política que no está vacía, porque cada particular enuncia desde un lugar, desde cuerpos deseantes y pasiones que activan recuerdos, actualizando aprendizajes que fueron verdades, pero que ahora están en revisión como lo hace la ciencia y en actualización política, como practica artística. Es el retorno transfigurado del Demos y del conflicto agonal en la cité, ya inevitablemente glocal, ecoocreativo y transmoderno en un planeta que se calienta por cambios producidos por humanos, que ya no podrán alterar en breve, en su desmedro, lo alterado. Y no podremos hacerlo por miles décadas.  

 

El juego de lo político

La filosofía es el decir verdadero de la acción política, que no se deja presionar por ningún proyecto[12]. No es el decir “La Verdad” propia de la teología, que señala siempre el propietario último en un viejo barbudo super poderoso, malhumorado y mandón… Lo político es el juego agonal[13], situado y encarnado cuya moneda virtual es el arkhé, inasible y pluriversal.  Pero es un juego como metáfora de vida, en que se disputan tanto el poder de la corona y el bastón de mando como la posibilidad de cambiar el sentido de juego, las reglas que instituyen lo posible y el propósito que enmarca lo deseable ya aceptados y legitimados por un imaginario concreto. En su interpretación, el logos es deliberadamente instrumentalizado como arma que entra en el juego en diferentes campos (político, periodístico, las ciencias sociales), según Pierre Boudieu[14]. Será la moneda de cambio real encarnada en palabras y discursos, acontecimientos como un signo de la verdad, como entelequia, en sentido aristotélico. Es decir, como fin u objetivo de una actividad que la completa y la perfecciona. En un sentido cotidiano, la entelequia puede ser interpretada como cosa irreal, pero en nuestra perspectiva será el deseo de crecimiento y desarrollo hacia la finalidad que realiza lo integral de su perfección posible. Como en el idealismo dialéctico de Hegel, para quien marca su visión de la historia como Espíritu, que es al final de cuentas entelequia y potencia. 

Lo cierto es que el saber, el poder y el deber propio del juego político que responde al ¿Qué hacer? de las nuevas condiciones de la acción política es lo que nos crea como sujetos, de una producción anónima a la vez que colectiva.  Producción fuera de nuestro alcance inmediato, de nuestra voluntad deliberada y deseo personal, pero que a la vez es el fruto-producto de nuestro accionar. Es un pliegue lleno de incertidumbres y de matices, del cual intuimos que la praxis alineada a tal o cual propósito tendrá, necesariamente, efectos y consecuencias deseados e indeseados. Lo político de la praxis ecoocreativa es el asumir la complejidad y la incertidumbre situadas en el derrumbe de una situación que se anuncia en acontecimientos no muy festivos, como pandemias, incendios y conflictos políticos entre dogmas de la modernidad, irreconciliables e inadecuados a los desafíos planteados en relación con lo viviente[15]. Por esto, la democracia es el modo de tratar la ignorancia que se institucionaliza, abriendo el mercado de la verdad a la política (policial) de los partidos políticos y de los lideres. Cuando la democracia abre el espacio, lo hace porque la incertidumbre es el tema para tratar institucionalmente, porque es el vacío por asediar con puntos de vista que generan, de hecho, la arena del conflicto necesario para decidir agonalmente. Lo político es la democracia en funcionamiento, la política es la aplicación de la decisión apoyado por el Estado como campo de batalla donde se instalan las instituciones que regulan el juego particular: educación, cultura, justicia, poder, donde se otorgan los recursos, la notoriedad y el reconocimiento.  La ecoocreatividad resignifica la idea de democracia porque indica que lo común es la clave para una sociedad con mercado y no “de” mercado, y muy especialmente que lo político es el modo creativo de tratar el desacuerdo. Por lo tanto, la competencia debe ser cooperativa, inclusiva, solidaria, abandonando radicalmente la idea neoliberal hegemónica. Política y democracia son complementarias en lo político y la economía de la ecoocreatividad, como lo son la “monarquía” (Real, del Estado, de mercado) con la tiranía (autoritarismo, castas y clases privilegiadas, oligarquía financiera). Por esto, los antagonismos múltiples de democracia y monarquía están vigentes aun, aunque mediada por algoritmos, mundialización económica y calentamientos terrestres inéditos que producen desmoronamientos indeseables.

Lo político cobra relieve cuando hay inadecuación entre el proyecto y el sentido, la lucha es por el sentido que inviste el poder. El sentido puede ser hegemónico en cuanto una identidad situada que por consenso impone como universal sus demandas particulares. La única universalidad que una sociedad puede esperar es una universalidad hegemónica, contaminada por la particularidad[16]. Lo político inviste de sentido la estructura de las fuerzas productivas y “la naturaleza”, significando tanto el concepto como la conjunción gramatical “y”. El momento de lo político en la constitución de lo hegemónico es determinante, tanto del momento económico como del imaginario que resignifica o enmarca el acontecimiento sociocultural como verdad política -no como Verdad teológica-. La pregunta en modo metafísico queda siempre en ¿Qué es el poder?, y su relación directa con la respuesta al ¿Qué hacer?, que se sostiene concretamente en el sentido común, que se particulariza en un imaginario en disputa permanente en el campo de lo político. El problema reside en que lo político ha perdido el protagonismo social del cambio de orientación preponderante en las sociedades occidentales. Por lo tanto, un tiempo de filosofía práctica se abre como imperativo. Si esto es así, todo está por crearse para inscribir las condiciones del actuar en la política. La creatividad es el momento político con dos significantes claves, la ecología y la cooperación. Dos ideas claves a los que hay que resignificar, como discurso fundante de praxis postneoliberales. Deberán ser antagonistas, por lo tanto, con ambiciones de superación del mantra de la innovación neoliberal. La innovación es el concepto y el discurso clave en el que sostiene las pretensiones que cobijan al transhumanismo, a las utopías de hombre aumentado por la tecnología y la “inteligencia artificial”[17]. La ecoocreatividad es el reverso antagonista, la propuesta postneoliberal a crear en experimentos colectivos y cooperativos que, sin negar la ciencia ni renegar de la tecnología, desea subordinarlas como a la economía y a las fianzas a los imperativos democráticos de lo común[18] y lo Terrestre.

 

A modo de conclusión

Habrá que pensar lo necesario en su dimensión contingente, porque lo imposible se inscribe en lo deseado, apareciendo cómo lo posible. Lo necesario en su dimensión contingente es lo viviente, lo imposible como antagonista es lo que hay que deshacer. Es decir, las variables civilizacionales que hacen posible el calentamiento climático, unidas conceptualmente en el modo de producción capitalista neoliberal. Por esto lo deseado son los puntos de fuga de las sensibilidades e inteligencias que ven lo posible como verdad potencial, que escapan a la confusión a la que asistimos. Esto es, en relación con de las jerarquías sistémicas que sostienen y promueven lo viviente en las que debe inscribirse la condición humana, en un nivel científico, ya restringen el espacio a la duda del ¿Qué hacer? Limita la desorientación de los medios y las redes sociales, postulando una verdad como acontecimiento: es el tiempo del Kairós, asistimos a la dehiscencia de lo nuevo, a pesar de nosotros mismos (aunque la posibilidad angustiante del desmoronamiento planetario ecosistémico pueda ser su verdadero sentido). La imposibilidad ideológica como obstáculo a decidir y obrar ya tiene nombre: la modernidad eurocentrada, el capitalismo financiero en sus variables hegemónicas neoliberales son un enunciado de Verdad en la perspectiva ecoocreativa. No hay Antropoceno si no creemos en la idea de “hombre” del idealismo alemán, sino más bien de “capitaloceno”, ya que el capitalismo es el principal responsable de los desarreglos ecosistémicos actuales[19]. El prefijo nomina el responsable directo del recalentamiento planetario, en todo caso los hombres capitalistas, un sistema de producción y consumo que hay que cambiar radicalmente. Y las versiones de socialismo estatal no han sido, en su justa proporción, menos contaminantes que las sociedades liberales occidentales

Por esto la ecoocreatividad parte de utopías post neoliberales que no implican un no lugar, sino la situación imposible aún, siendo el momento de la dehiscencia. Se formula en la medida que se experimenta y se va creando como la verdad del acontecimiento. Como la palmada en el hombro que le dan Los heraldos negros (o Dios) al caminante en el poema de César Vallejo, como recordatorio de fragilidad humana, de su mortalidad[20]. La dehiscencia es el momento en que las semillas saltan, en que el fruto se abre sin pedir permiso a nada ni a nadie, es su destino cíclico. Por esto el tiempo es el de la oportunidad ecoocreativa, que entendió y decidió en el tiempo de la Krisis un devenir abiertamente radical, post neoliberal. Donde la creatividad cooperativa-ecológica es el momento que subordina todas las otras posibilidades de juego político, que ordena la política y orienta la praxis, asumiendo la incertidumbre y la complejidad. La ecoocreatividad es el decir verdadero, que manifiesta su ignorancia afrontando los desafíos epocales en su misma praxis. Saber, pensar, conocer, experimentar son la base del error que alimenta el proceso, y vuelta a comenzar en el anhelo de un todo pleno de sentido imposible. No hay más paraíso ni infierno que este, de aquí y ahora…, como escribe Walt Witman en sus poemas. 

 La ecoocreatividad en tanto política y economía de lo posible postneoliberal, es el antagonismo deliberado de lo que se niega a morir. El Neoliberalismo es a modo de analogía, Seth, el dios egipcio de la fuerza bruta, del caos, de lo tumultuoso, de lo devastado. Seth es lo contrario de Anubis, quien acepta, prepara y acompaña el paso al más allá del muerto, velando por los difuntos, ayudándolos a resucitar en muchas ocasiones si el juicio de Osiris así lo dictamina. Horus, el hijo de Isis y Osiris, enfrenta la muerte (Seth), sin negarla y la vence, pero pierde un ojo (algo se deja de ofrenda en cada batalla). Isis recompone por amor a su esposo-hermano Osiris destrozado y dispersado por la brutalidad de las fuerzas destructivas de su hermano Seth. La ecoocreatividad desea ser el momento de búsqueda de sentido, de recomposición de lo real como Isis, centrado en la vida como gerundio, como lo objetivo y lo posible de nutrir y recomponer. Desea que lo posible se aclare como verdad necesaria, como acontecimiento de verdad en su proceso incierto y agonal de democracia radical, como superación (no su anulación) del parlamentarismo formal y limitado de la democracia liberal. A la vez que la ecoocreatividad es interdependiente y rizomática con el deseo encarnado y vital de comunidades e imaginarios diversos (modernos, post modernos, trans modernos, premodernos), que niegan la destrucción ambiental enfrentando la depredación característica de los dogmas modernos productivistas-desarrollistas (liberales y comunistas), así como los imperativos de la economía mercantil hegemónica (capitalismo financiero). Entonces, tendrá todas las chances de ser destruida y violentada sin descanso por el sistema que se niega, naturalmente, a perecer. Sera enfrentada por ponerlo en duda radical, por la incertidumbre no dogmática que abre en un sentido que será la construcción de la praxis misma.

La dimensión económica de la ecoocreatividad deberá orientarse a tres tipos de economía aparecidas en las ultimas décadas. La economía circular[21], de la funcionalidad[22] y simbiótica. Todo debe orientarse a ensamblar las actividades humanas a los ciclos y ritmos de los ecosistemas desde la regla verde: no extraer más recursos de los que los ecosistemas mismos son capaces de regenerar y reestablecer sin ser forzados. Extraer, Acelerar, cortar, modificar genéticamente, utilizar suplementos químicos artificiales, producir, forzar, desechar son ideas y conceptos que ya tienen una profunda transformación semántica y en parte, practica en muchos países y espacios específicos. El balance del Oikos (casa) de la gestión (nomos)humana es catastrófico: un tercio de los suelos del planeta degradados, la mitad de las selvas tropicales y húmedas han desaparecido en el último siglo, las especies desaparecen entre 100 y 1000 veces a la tasa normal de extinción, dos tercios de los brindados por los ecosistemas están seriamente debilitados (agua bebible, aire, suelos fértiles, regulación climática. En cincuenta años hemos modificado el planeta a un ritmo superior al de toda la historia de la humanidad[23]. ¿Homo sapiens o homo demens? La ecoocreatividad es un enfoque de respuesta que recupera la herencia griega de la razón pero que no está cerrada a la sabiduría fruto de la experiencia y observación sistemática de diversas formas de enfoques lógicos y metafísicos para pensar lo viviente. En muchas tradiciones esto ha sido modelizado como fuerzas numinosas naturales, en la ciencia actual en modelos teóricos – experimentales. A los efectos prácticos y éticos, no hay razón para despreciar ni anular a priori esos tesoros culturales, sino más bien aprender de ellos puntos de vista y lógicas que enriquecen por contradecir y cuestionar los prejuicios modernos -eurocentrados propios (el horror al “wokismo[24]” del ministro Jean-Michel Blanquer en Francia[25], los prejuicios antiecológicos del filósofo conservador Luc Ferry[26]…) Hoy más que nunca la economía vuelve a ser política económica y la política tiene como herramienta necesaria a la filosofía. Al sentido de esta transformación que retorna transfigurada tiene un nombre: ecoocreatividad.

 

 

* Doctor en filosofía (Paris 8-UBA). Profesor en HEC, ENSAE-Polytechnique y Arts & Métiers (Paris). Autor de Critica a la modernidad eurocentrada (2011) y Ecoocreatividad. Utopías concretas para tiempos inciertos (2022).

 

[1] (2022) Ecoocreatividad. Utopías concretas para tiempos inciertos, EDUVIM, Argentina, 2022. (aparición prevista Marzo 2022).

[2] He adelantado estas perspectivas en artículos precedentes. Puede verse en Busso, Hugo, (2021) “Condiciones de posibilidad de la filosofía de la liberación para aportar al surgimiento de un imaginario postneolibral”, In Revista Utopía y Praxis latinoamericana, Vol. 26, n° 93, págs. 12-33, Venezuela. (2020) “Imaginarios post neoliberales.” In Revista Idelcoop n° 230 abril 2020, Argentina. (2019) Cooperantur humanun est, o cooperamos luego, tal vez existiremos, In Revista -Idelcoop n°228.

[3] Laval, Christian, & Dardot, Pierre (2017); La pesadilla que no acaba nunca. El neoliberalismo contra la democracia, Gedisa, España.

[4] Dussel, Enrique.  (1983), Introducción a la filosofía de la liberación, Editorial Nueva Bogotá, Colombia.  La ‘analéctica’ para Dussel es un método que parte desde lo Otro libre, no de la totalidad cerrada del Ser, sino un más allá del sistema de la totalidad. Es el pasaje al crecimiento de la totalidad desde el Otro y para servir-le creativamente. La dialéctica de la dominación parte del solipsismo de sí mismo hacia sí mismo, no del dia-logo del Otro. La dialéctica hegeliana no es apertura, sino totalización cerrada en el si-mismo.

[5] Balibar, Etienne, La proposition de l’égaliberé, (Francia PUF, 2015). Ver Revista Le philosophoire (2012) n° 37, “A propos de « La proposition de l’égaliberté » d’Etienne Balibar” , p 123-132, Francia.

[6] Reenviamos para quien desee profundizar en este debate, a la interesante discusión que han abierto Miguel Benasayag y Bastien Cany en el colectivo Malgré Tout y al libro Retour de l’exil. Repenser le sens commun, Le Pommier, Francia, 2021.

[7] Massumi, Brian (2018), L’économie contre elle-même. Vers un art anticapitaliste de l’événement, LUX, Francia.

[8] Dufour, Dany-Robert, (2007) Le Divin Marche, Folio Essais, Francia.

[9] Es la función intertextual que se materializa en los diversos niveles de la estructura de cualquier texto y que condensa el pensamiento dominante de una determinada sociedad en un momento histórico.

[10]  Lordon, Fréderic (2018 : 11), La condition anarchique, Seuil, Francia.

[11] Jullien, François (2009), Les transformation silencieuses, Poche, Francia.

[12] Jean-Luc Nancy, en Que faire ? Galilée, Francia (2016)

[13] Mouffe, Chantal, (2018) Pour un populisme de gauche, Albin Michel, Francia

[14] Fortich Navarro, Monica (2012) Patricia “Elementos de la teoría de los Campos de Pierre Bourdieu para una aproximación al derecho en América Latina: consideraciones previas”, Revista Verba Iuris 27 ,pp. 47 – 62 , Colombia.

[15] Latour, Bruno (2017), Où atterrir?, La Découverte, Francia.

[16] Laclau, Ernesto (2017 : 75), (con Judith Butler y Slavoj Zizek) Aprés l’émancipation, Seuil, Francia

[17] Gabriel, Markus (2018), Pourquoi la pensée humaine est inégalable, Le livre de Poche, Francia.

[18] Laval, Christian, & Dardot, Pierre (2014), Commun. Essai sur la révolution au XXI siècle, La Découverte, Francia.

[19] Andres Malm (2018) L’anthropocène contre l’histoire : le ‘échauffement climatique à l’ère du capital, La Fabrique, Francia.

[20] Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
Cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
Se empoza como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

[21] Aurez, Vincent & Georgeault, Vincent (2016), Economie de la circularité. Système économique et finitude de ressources, Deboeck, Francia. Puede verse videos en UVED : https://www.uved.fr/fiche/ressource/economia-circular-e-innovacion/16#sequence

[22] Ministerio de la transición ecológica, de Francia: https://www.ecologie.gouv.fr/leconomie-fonctionnalite

[23] Isabelle Delannoy (2021 : 23), L’économie symbiotique. Régénérer la planète, l’économie et la société, Babel, Francia.

[24] La actitud de ser consciente y activo frente a la justicia social, así como ante la igualdad racial y de género.

[25] https://etudiant.lefigaro.fr/article/selon-jean-michel-blanquer-le-wokisme-est-une-forme-d-obscurantisme_7feb596a-357b-11ec-b432-550d95ffe968/

[26] Luc Ferry (2002), Le nouvel ordre écologique, Poche, Francia.

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