HABEAS CORPUS: En la encrucijada de las Sociedades de Control

Episodio CXX

Mariela Genovesi*

 

I. Historia

Deleuze escribe en 1990 «PostScritum: sobre las Sociedades de Control». Un pequeño artículo publicado en L´Autre Journal para afirmar que el régimen de las sociedades disciplinarias era “nuestro pasado inmediato”, “lo que estábamos dejando de ser” y que el régimen de las sociedades de control estaba “llamando a nuestras puertas”, sustituyendo y reemplazando a las otras.

Durante los ´90 y los posteriores 10 años de los inicios del 2000, nos cansamos de leer artículos, libros, y de asistir a clases donde se hablaba (mal) de la escuela, de la familia y del trabajo, tanto público como privado. En fin, el énfasis estaba puesto en la Crisis de todas estas instituciones nucleares, cerradas, con lógicas de subjetivación espacio-temporal de los cuerpos y de las mentes. En dicha discursividad, había cierto hartazgo, fastidio y hasta rencor, pero al mismo tiempo cierta nostalgia por el pasado, pero con críticas hacia la normalización de principios del Siglo XX. Es que claro, ni la escuela, ni la familia, ni el trabajo han sabido lidiar con las pasiones, con las libertades y con los deseos propios…. ¿Qué hemos hecho con ellas y con ellos? Bueno, las hemos castigado, ocultado, reprimido, maquillado, o las hemos dejado ser (pero debajo de la alfombra)…

Y es precisamente allí donde se haya el quid de la cuestión. Ese es el problema al cual nos venimos enfrentando desde la Antigua Grecia (por situar allí no tanto un Ursprung, un punto de origen –como diría Nietzsche– sino el azar y la herencia de nuestra procedencia, el Herkunft[i], de la civilización occidental).

Algo frente a lo cual, la filosofía grecorromana –platónica, aristotélica, epicúrea, estoica (entre otras)– ha intentado responder; así como el cristianismo, la patrística latina, la ilustración y el romanticismo… hasta llegar al bendito (o maldito) Estado-Nación Moderno, para el cual «las instituciones de secuestro» presentaron una especie de «solución».

Es así que los incipientes y primerizos Estados-Nación ilustrados, humanistas, racionalistas y hasta cristianos (porque en la mayoría de los casos adoptaron la religión católica o la facción evangélica o protestante), intentaron a través de la inclusión, la normalización y la disciplina (en tanto ethos, y como una forma de «educación cívica») subjetivizar al ser humano para tornarlo un ser útil, obediente y reproductor de la especie. Es la ley, al cuadrado. Y no sin conflicto, no sin lucha, no sin dolor y no sin dudas… se aplica la ley «cuadrado». Cubículos para moldear a las grandes masas heteromorfas.

Es la metáfora antropomórfica del progreso y del orden actuando, replicándose como una moneda. Son la Cultura, la Ciencia, la Religión y el Mercado actuando en conjunto y en alianza de intereses junto con el Estado. Nace el país, nace la Nación, nace la Patria, nace la Ley, nace el Positivismo, nace el Capitalismo y nacen las sociedades disciplinarias. Sociedades cuyo apogeo se produce a fines del siglo XIX y principios del XX, siendo el clímax de este período el año 1889, año de inauguración de la torre Eiffel, y el cual dará comienzo a la caída y al período más oscuro de todo este proceso de construcción y estructuración sistémica de la sociedad global.

Primera y Segunda Guerra Mundial (entre otras tantas). Holocausto. Racismo. Dictaduras. Persecuciones ideológicas. Pero ojo, no es que antes no hubo oscuridad, también corrió sangre y mucha… aunque con menos experticia y crueldad. Batallas más humanas y pueriles, que tecnológicas y perversas. Aunque aquí solo hablo de las sociedades disciplinarias y sus siglos de aparición… y podríamos decir ahora, ¿en futura extinción?

Tema aparte constituye lo sucedido con las precedentes, con las llamadas «Sociedades de Soberanía», aquellas que sellaban la presunta paz entre el soberano y el súbdito, o el rey y los vasallos, basada en el ethos de la caballerosidad, la castidad y el servilismo. Una sociedad que también se sume en la oscuridad cuando el conocimiento adquirido es mayor al del estado de iniciación y construcción. Su período más oscuro, sin dudas, coincide también con su clímax y su posterior entrada en la decadencia… el “descubrimiento” y la conquista de América, la mita, la inquisición. La crueldad es la misma, solo cambian los medios y la disponibilidad tecnológica.

Pero volvamos a la crisis de las sociedades disciplinarias y al comienzo/transición con las de control. Eso fue en 1990. En estos últimos 30 años, fueron «juntas a la par» hasta llegar al auge del «control», para que en el año 2020 y de la mano del «gran encierro» – surgido de un virus que cuan Herkunft proviene de un locus no occidental y más toyotista que fordista[ii] – clavar una daga, para que ahora sí comience el reinado y el posterior período de oscuridad del control.

 

II. Lógica

Deleuze también describe a estas sociedades de control como un régimen que ejerce su poder de manera fluida, en forma desterritorializada, mediante el consumo de mercancías, de productos mediáticos o de psico-fármacos, en donde los individuos pasan a ser “divuales”, y las grandes “masas” pasan de “ser personas físicas” a transformarse en ceros y bits (o bots o trolls)

Pero la clave de todo está en el control. Un control que nace en la disciplina, y en la vigilancia, el examen y la observación; ya que a partir de estas 3 instancias –afirmaba Foucault– se podía tener un conocimiento del otro.  Un conocimiento del tipo extractivo, Herkunft (nuevamente) de las Ciencias Sociales y Humanas. Sin embargo, aquel control, presentaba limitaciones y nos brindaba varias salidas (o escapadas).

Ahora ya no. Ahora lo saben todo. Entregamos no solo nuestro cuerpo, nuestra mente sino también nuestra conciencia, el paso a paso, el minuto a minuto de lo que hicimos, dijimos, sentimos y tenemos. Todo está registrado. El juicio final no está en manos de Dios, sino de todo aquel que tenga las llaves de acceso a la famosa nube o cloud.

Con la Pandemia, los tiempos se aceleraron, ya con las sociedades disciplinarias casi muertas y a nuestras espaldas, el control está virtualizándose cada vez más, porque, hoy por hoy, nuestra propia existencia en la escuela (como ícono de cualquier institución educativa, incluyendo la universitaria), en el trabajo, (y hasta) en la familia –solo por reducirlo a esos 3 grandes formatos que hacen a nuestra socialización en general– se está abriendo paso a la hibridación con una fuerte presencia de lo virtual. Lo mismo sucede en otras áreas, donde parecemos encaminarnos hacia un estado virtual más poderoso que el preexistente (el e-government que tendrá acceso a todos esos datos registrados), hacia una economía virtual (basta ver el auge y los conflictos geo-políticos que están desencadenando las cripto-monedas) y hacia una vida que comenzará a tener otras resonancias y sentidos también dentro de la virtualidad (metaverso como una versión más tangible y carnal de second life).

El progreso ya no es la razón, la ilustración, el humanismo… el progreso se disfraza ahora de inteligencia artificial y de trans-humanismo. Lo que significa que, una vez agotadas las sociedades de control, estas culminarían con nuestra especie humana tal y como la conocemos, tal y como la conocimos. No se trataría ya de la extinción de un modelo de sociedad global, sino de un eîdos y una morphé, de un formato de vida: la humana. Seremos cyborgs, avatares o post-humanos, vaya uno a saber….

Películas como Matrix, Terminator, Blade Runner, Dune…buscan al elegido, al que aún nos salve ante el infortunio humano de entregarle nuestra antorcha de Prometeo a los algoritmos[iii]. Pero los libros Un mundo feliz, 1984, Gattaca, y la versión vernácula de Pubis Angelical, nos muestran la lógica de ese mundo que de a poco estamos comenzando a ser. Tan sólo bastan algunas referencias y citas clave de la novela de Aldus Huxley, como para visualizarlo y sentirlo «cada vez más cerca»:

 

“Secreto de la felicidad y de la virtud: amar lo que hay obligación de hacer. Tal es el fin último de todo acondicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá librarse (nuestros colegas de arriba le enseñaran a amarlo)».[iv]

 

En Un mundo feliz, “Nuestros colegas de arriba” son los del Centro «Ingenieros de Emociones», unos de los tantos Centros de Acondicionamiento del Estado, quien tiene la potestad de crear vida a través de la ectogénesis. Los futuros Alfa (intelectuales y agentes de Estado) y los Beta, Gamma, Delta y Epsilon (los operarios y los trabajadores funcionales del Estado). A quienes con la hipnopedia y los múltiples acondicionamientos «educan» para que consuman los productos que se venden, para que no sientan emociones intensas o profundas que los desestabilicen, para que se medicalicen con «soma» cada vez que eso tienda a suceder, y para que no sean monogámicos ni tengan relaciones románticas ni vínculos estrechos, sino muy por el contrario, tiendan a la promiscuidad y la liberación sexual “porque todos pertenecemos a todos”[v] según el provervio hipnopédico del año seiscientos y poco de la era Ford….o Freud:

 

“El primero que reveló los espantosos males de la vida familiar. El mundo estaba lleno de padres, y lleno – por consiguiente – de miseria; lleno de madres y, por lo tanto, de perversiones, desde el sadismo a la castidad; lleno de hermanos y hermanas, de tíos, tías; lleno de locura y suicidio”.[vi]

“Madres y padres, hermanos y hermanas. Pero también maridos, esposas y amantes. Y monogamia y romanticismos”.[vii]

“La familia, la monogamia, el romanticismo. Por doquier, exclusivismo; por doquier la concentración del interés, la estrecha canalización del impulso y la energía”.[viii]

 

Esta era la Época –según los agentes Alfa de ese mundo feliz– en la que los seres humanos pre-modernos eran vivíparos. Situación –desgraciada para ellos– con la que se logra romper a través de los descubrimientos de “Pfitzner y Kawaguchi”[ix] y la ectogénesis estatal. Algo que también marcará la extinción del cristianismo y el subsiguiente cambio de era. Es que esta pieza literaria y ficticia, escrita en 1932 por Aldous Huxley, describe de manera distópica un mundo futuro sin amor, sin monogamia, sin familias, sin madres, sin padres y donde los seres humanos nacen a través del control gubernamental. Un mundo que él imaginaba como posible y real “al cabo de tres generaciones”.[x] Y tres generaciones, vaya la coincidencia, son el ícono de Pubis Angelical, libro en el cual Manuel Puig, en 1979, describe a la tercer y última generación de la protagonista (Ana) dentro de un mundo muy similar.

W218 es nuestra heroína. Su nombre, es su código de conscripción al Estado, un pequeño adelanto a «X Æ A-12», el nombre que Elon Musk quiso ponerle a su hijo pero que el estado de California no permitió. «Æ», dicho por los propios progenitores, era por “Amor y/o Inteligencia Artificial”.[xi] Especial atención al «o». Esta sería la versión posthumana de «civilización y/o barbarie», pero al revés. W218 está en un lugar que se correspondería con el locus geográfico de la Argentina. Pero ya no es Argentina. Ya no hay idea de patria o de lealtad alguna para un concepto de Nación. Está en el año 15 del Glaciario. Tampoco tiene padres, pero sabe que sí ha sido fruto de una concepción vivípara. Trabaja para la sección de servicios sexuales del Estado, atendiendo personas (en su mayoría hombres) con diversos problemas – desde demencia hasta privación de la libertad por asuntos políticos –. Servicios por los cuales «recibe una validación» siendo «observada para ver si cumple» (desde afuera o mediante la cámara o la pequeña computadora que escucha sus conversaciones). Su «objeto de contención, información y apoyo» es justamente esa pequeña computadora, objeto donde ella coloca ciertas palabras clave separadas por un signo +, y que le arroja una respuesta acerca de cómo tiene que actuar.  Acá tampoco hay amor, pero ella sigue esperando al hombre de sus sueños que aparece bajo la máscara de un agente de inteligencia que la traiciona.

Es que, en Pubis Angelical, siguen existiendo algunas escenas de «nuestra pobre vida pre-moderna», porque aún hay algo de «rebeldía política». Algo que, en Un mundo feliz, aparece, pero muchísimo menos. Porque Lenina (la protagonista) también busca a cierto hombre de sus sueños, siendo esto –para ella– el síntoma de no lograr ser «una mujer alfa» porque eso delata su debilidad y el no éxito de la hipnopedia sistémica. Ella y los salvajes que aún perduran expulsados de ese «paraíso civilizatorio» conforman la pequeña resistencia. Hacia eso vamos.

 

III. Programa

En ambas novelas, hay aviso, pero en «señal de alarma». En las películas que mencioné, también hay aviso, pero en formato de «prevención», porque incluso, además, hay lucha y hasta cierta redención… En las novelas, no aparece esto. Hay «pura aceptación». La lucha ya pasó, la guerra de los 9 años en Un mundo feliz ya quedó atrás (en el año 141 D.F.). Y lo mismo sucede en Pubis Angelical.

La Literatura y la Ciencia Ficción han creado este imaginario posible, que hoy, siento que se nos convierte en un escenario angustiosamente inquietante. La tarjeta de acceso electrónica fantaseada por Guattari se transformó en estos últimos 2 años en una tarjeta de circulación concreta: monetaria y de movilidad geo-espacial. Podes o no podés salir de tu casa, de tu barrio, de tu ciudad, de tu provincia, o de tu país. La convivencia de ambos polos (el físico y el virtual) se resuelve con la hibridación, con la resistencia de la presencia del cuerpo, en formatos que nos llevan a la virtualidad total.

¿Será que el Covid vino a sepultar la era disciplinaria? ¿A darle un acelere a este apogeo del control y claro esta… invitarnos a vivenciar la próxima decadencia y caída, momento de la historia en la que hay algo que siempre muere y caduca sin continuidad?

Frente a este panorama me pregunto… ¿Vivíamos tan mal en esa disciplina constantemente en crisis? ¿Tan mal en la familia? ¿En la escuela? ¿En el trabajo? ¿No hemos construido ante la exigencia de ciertas demandas que han surgido como rechazo a las líneas más conservadoras de las instituciones nucleares, las bases de todo este ostracismo, desvinculación humana y des-amor que se evidencia en esas visiones distópicas de nuestro futuro mediato? ¿No podríamos acaso con la «luz de la razón ilustrada» tomar lo mejor del modelo disciplinario (ya harto conocido y analizado) y quedarnos con algunas cosas del control (si es que nos gustan y nos parecen más «libres» y «despojadas») para tomar las riendas de un sistema que parece por momentos intentar llevarnos hacia un punto de no retorno?

 

Afirma, en un momento, también Deleuze:

 

“El viejo topo monetario es el animal de los centros de encierro, mientras que la serpiente monetaria [atención con este detalle] es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, tanto en el régimen en el que vivimos como en nuestra manera de vivir y en nuestras relaciones con los demás”.[xii]

 

No tenemos que esperar entonces a que el Búho de Minerva alce vuelo en el ocaso, porque ya sería demasiado tarde[xiii]. Pero antes de volar, puede mirar, observar y dar acceso: hay que inmiscuirse en este enfrentamiento entre topos y serpientes. Tomar (nuevamente) lo mejor del topo, y aprender de la serpiente; para combatir ambos regímenes y que el ser humano pueda redimirse de su Leviatán y ser potencia de sí, antes de que con él (con nosotres) –sigan haciendo, todo lo contrario. Cuidado con el confort, a través del candy aparecen los engaños.

[i] Siguiendo el análisis de Foucault en Nietzsche, la genealogía, la historia. (2008). Valencia: Pre-textos, quien al intentar definir el trabajo del genealogista, retoma la diferencia que Nietzsche plasma entre el término Ursprung («la búsqueda del origen» que se esfuerza por encontrar la «esencia» de la cosa analizada/estudiada como si tal origen fuera algo «ya dado» y ajeno a todo lo externo, accidental y contingente) y el término Herkunft (que hace hincapié en «la búsqueda de la procedencia» porque permite encontrar la proliferación de sucesos (gracias a los que o contra los que) aquella cosa que se analiza/estudia, se formó). En palabras de Foucault: “Seguir la filial compleja de la procedencia es, al contrario, mantener lo que pasó en la dispersión que le es propia: es percibir los accidentes, las desviaciones ínfimas -o al contrario los retornos completos, los errores, los fallos de apreciación, los malos cálculos- que han producido aquello que existe y es válido para nosotros; es descubrir que en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos no están en absoluto la verdad ni el ser, sino la exterioridad del accidente” (Ibíd., p. 27).

[ii] Se trata de los modelos de organización productiva del trabajo, el norteamericano y el japonés, que corresponden a la tercera (década del ´20) y a la cuarta fase (década del ´80) de la historia económica del capitalismo. Pese a sus similitudes y diferencias, lo que interesa rescatar de este paralelismo, es que el toyotismo fue el que incorporó las estrategias de control y vigilancia entre pares para evitar el recurso de la “figura antipática” del capataz (propia del modelo norteamericano), junto con la tendencia a la desindicalización (aspecto central del estilo toyotista que no se encuentra presente en el fordismo). De esta manera, el toyotismo pese a hacer hincapié en el “trabajo en equipo”, responde a un arquetipo de vinculación social y laboral más individualista que colectivista, y a un ethos más vinculado al “control” que a la “disciplina”.   

[iii] Dentro de la mitología griega, se destaca el mito de Prometeo – mito devenido en tragedia «Prometeo encadenado» (Hesíodo) – basado en la osadía de este Titán, quien se ocupó de desafiar y robarle el fuego a los Dioses para concederle el conocimiento atribuido a su uso a los seres humanos. Es por eso que Prometeo es considerado el Titán protector de la civilización humana.

[iv] Huxley, A. (1985). Un mundo Feliz. México: Editores Mexicanos Unidos, p. 25.

[v] Ibíd., p. 43.

[vi] Ibíd., p. 42.

[vii] Ibíd., p. 43.

[viii] Ibíd., p. 43.

[ix] Ibíd., p. 52.

[x] En una carta que él le envía a Victoria Ocampo fechada el 24 de noviembre de 1945.

[xi] Ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52566090

[xii] Deleuze, G. (2006). Conversaciones. Valencia: Pre-textos, p. 280. El subrayado y el paréntesis es mío.

[xiii] Esta idea hace referencia a la famosa frase expresada por Hegel en el Prefacio de Principios de la Filosofía del Derecho: “El búho de Minerva solo levanta vuelo en el crepúsculo”. Frase que ha sido objeto de vastas interpretaciones, pero que, en líneas generales, se la considera como una expresión clave para entender la misión del actuar filosófico. Para algunos -como Hegel- la filosofía debe ocuparse de entender, analizar e interpretar los hechos cuando estos se han consumado (por eso la idea del ocaso); mientras que para otros (como Marx, Nietzsche, Roig), esto supondría un “llegar demasiado tarde” de la tarea filosófica, motivo por el cual, no habría que esperar a la consumación, para analizar los lineamientos o tendencias de tales hechos históricos.

 

 

 

* Mariela Genovesi. Becaria PosDoctoral del CONICET. Doctora en Ciencias Sociales (FSOC/UBA). Magister en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad (FFyL/UBA – APA). Diplomada con mención en Constructivismo y Educación (FLACSO). Profesora y Licenciada en Ciencias de la Comunicación (FSOC/UBA). Docente de la materia Introducción al Pensamiento Científico (CBC/UBA) y titular del Seminario Optativo Matrices Afectivas: Los conceptos de «afecto» y «emoción», un rastreo conceptual desde la Antigua Grecia hasta la Posmodernidad Pos-Pandemia (Ciencias de la Comunicación / FSOC/UBA). Mail: mariela.genovesi@gmail.com / Redes: @prof.mariela_genovesi

Pintura: Lula Mari

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