Economía

La posición del gobierno ante la deuda

Economía VII

Julián Denaro*

Las expectativas ocupan un rol muy determinante entre nuestros contemporáneos y, por ende, en todas las actividades que desarrollamos. No es insistente aclarar que todo está atravesado por lo económico y lo psicológico, pero justo en este momento, la interacción entre estos elementos está en un período de destacada agitación. Esta pandemia ante la cual nos defendemos con aislamiento social preventivo, causa un nivel de incertidumbre inédito, sobre un deterioro también inédito de la actividad económica que se ha discontinuado como la mayoría de las actividades sociales. La incertidumbre de algo que no tiene precedentes, no cuenta con la sabiduría ni de libros ni de los ancianos, porque nadie lo vivió, entonces los temores y el desconcierto acentúan la sensación de incertidumbre. Y vale aclarar que los miedos siempre se alían con las expectativas pesimistas, de modo que es mejor intentar aclarar algunas cuestiones, con vistas a conseguir brindar al menos un mínimo de alojo en este escenario desconocido.

Desde muchos sectores, y los medios de difusión tradicionales, se reitera incesantemente que la “maquinita” de hacer billetes, la emisión monetaria, el aumento de base monetaria, es lo que genera inflación, conduciéndonos inevitablemente hacia una hiperinflación. Como se puede ver, nada mejor para incentivar los miedos, la sensación de incertidumbre y el pesimismo, que una noticia de esa característica. Pero es falsa la postura del monetarismo ortodoxo y conservador, acerca de que la única causa de la inflación es la emisión monetaria. Como siempre sostuvimos, la inflación es multicausal (Denaro, J., “Acerca del significado del enfrentamiento entre monetarismo y las políticas sociales”, febrero de 2015). Precisamente, los que decían que la inflación era sencilla de disminuir, cuando fueron gobierno causaron la más alta inflación de que se tenga memoria en los últimos treinta años. Y puede destacarse que durante el período de un año que va desde septiembre de 2018 hasta septiembre de 2019, en el cual la base monetaria aumentó apenas un 0,8% (es lo mismo que decir que no emitieron prácticamente nada) la inflación fue del 50%, que equivale al 3,5% mensual. Por su parte, el período en plena pandemia que va desde al 5 de marzo al 16 de abril de este 2020, en el cual la base monetaria se incrementó en 42%, concluyó con una inflación del último abril del 1,5%, que equivale al 20% anual, resultando el más bajo de los últimos 31 meses (casi tres años). Queda en evidencia que hay otras causas de inflación que pesan más que la emisión monetaria.

Lamentablemente, luego de un gobierno de cuatro años que priorizó el modelo de valorización financiera, que enriquece a unos pocos y empobrece al conjunto del pueblo, la dolarización de nuestra economía se ha exacerbado y las expectativas devaluatorias ejercen una innegable fuerza sobre los niveles de precios. Esto sí es verdad. Durante el gobierno de Mauricio Macri se han puesto elevadísimas tasas de interés para que los capitales financieros especulativos aumenten su riqueza velozmente, pero la contracara es que esas tasas de interés tan altas obstaculizan la actividad económica del sector productivo, generando recesión y desempleo. Lo más dramático es que generaron un endeudamiento estrepitoso, que tenemos que solucionar.

Para que se tenga medida de esta cuestión, la dictadura de 1976 a 1983 elevó la deuda externa en moneda extranjera desde 7.000 a 45.000 millones de dólares, lo que supone un incremento de 38.000 millones, que da un promedio de endeudamiento de 5.500 millones de dólares por año. Luego, la convertibilidad de 1991 al 2001 incrementó la deuda externa en moneda extranjera desde 60.000 a 220.000 millones de dólares, resultando un incremento de 160.000 millones y un promedio anual de 16.000 millones. Posteriormente, el gobierno de Macri aumentó la deuda externa en moneda extranjera desde 70.000 millones a 200.000 millones, provocando un incremento de 130.000 millones en cuatro años, que da un promedio anual de 32.500 millones, resultando el mayor endeudamiento por año de la historia de nuestro país.

Además, lo que amenaza la soberanía política y la independencia económica es el porcentaje de la deuda en moneda extranjera. Y ese porcentaje subió del 25% en 2015 al 50% en 2019 respecto a deuda total, y del 12% al 45% de nuestro PBI (el valor de toda la riqueza que produce el conjunto del país durante un año). Pero, al mismo tiempo, es necesario señalar que el PBI bajó desde 600.000 millones a 450.000 millones durante el gobierno de Macri, cayendo nuestro país desde el puesto 20 del mundo al puesto 28.

Volviendo al tema central de las expectativas, es muy importante conseguir el arreglo con los acreedores externos, pero sin dejar de aclarar, y sin olvidar, que se trata de especuladores, que le prestaron al gobierno que más endeudó a un país en la historia del mundo, y acordando elevadas tasas de interés, lo que implica riesgo. Es un riesgo que no asume el que quiere conservar su capital, sino quien está especulando, y que además juega de socio cómplice de un gobierno que endeuda, destruye y saquea a un pueblo. De eso se trata cuando se habla de que son intereses ajenos a los intereses del conjunto del pueblo. Sólo el 1% de las empresas y el 1% de los agentes compraron la mayor parte de una fuga de 86.000 millones de dólares, según el documento difundido por el Banco Central de la semana pasada. Como se puede volver a corroborar, es interés de unos pocos para enriquecerse, que causa un daño muy grave al conjunto del pueblo, que se empobrece y se endeuda.

Con ellos el gobierno sostiene que es necesario acordar, y eso calmaría las expectativas de devaluación de la moneda, que es lo que está traccionando los precios de nuestra economía hacia el alza. La propuesta de nuestro gobierno fue sensata, racional y coherente, proponiendo una quita de intereses y un período de gracia, ya que como los muertos no pagan, primero hay que crecer. Es completamente razonable pedirles que tengan paciencia, sabiendo que al pueblo argentino no se le puede exigir paciencia, dado que muchos están pensando cómo hacer para pagar el alquiler, pagar los sueldos, cobrar los sueldos o comprar comida.

Entonces, es importante traer confianza y estabilidad, para a partir de allí construir una recuperación. Y estamos en un momento clave porque la renegociación de la deuda argentina está además suscitando mucha atención por las implicancias que tiene para todo el mundo, ya que muchos países están atravesando una situación similar. Aguardamos con ansias un acuerdo razonable que permita generar un escenario más confiable y más estable, a partir del cual se pueda articular un mejor futuro para la producción, el trabajo y el desarrollo, que venza a la especulación de los sectores concentrados, que fueron dominantes hasta ahora, y que han causado un inmenso daño al mundo entero. 

* Economista (UBA), Profesor en Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de la Matanza. Columnista económico en C5N, consultado también por algunas radios. En este momento se encuentra finalizando la Licenciatura en Psicología (UBA). Autor de seis libros, siendo los dos últimos Del país dividido a la revolución cultural (2017) y Argentina entre las disputas de poder 2012-2019 (2019).

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