¡¡Que viva la (verdadera) grieta!! La gira zapatista…

Episodio XC

 

Sergio Arboleya*

Mientras la política vernácula alcanza su más mínima y mísera expresión en disputas por arriba que defienden o combaten decretos y fallos cortesanos sin por ello abandonar el extractivismo como solución mágica a la crisis y las diferencias, el zapatismo emprendió con proa a Europa un tour planetario que reunirá luchas contra el único enemigo real de la humanidad: el capitalismo.

La Argentina no solamente surca la segunda ola de coronavirus, sino que sobre o por debajo de ella juega el juego que más les gusta a los poderosos, que consiste en mantener hablando a la sociedad de aquello que verdaderamente no importa. Y la enorme mayoría de la ciudadanía mansamente acostumbrada a esperar el parte imperial de turno para saber si se puede salir hasta las 20.15 o hasta las 18.45 o cómo se dirimió la última compulsa judicial para determinar la suerte del entramado educativo, asiste al espectáculo, se debate entre esas dos posiciones como si fueran las únicas posibles, resume sus argumentos a través de eslóganes de ocasión y se descarga en las redes sociales o los grupos de WhatsApp alimentando el blanco-negro, el Boca-River o cualquier otro binarismo que no admita medias tintas porque cada tema se salda con la lógica de “elles o nosotres”, importando más si somos “nosotres” aunque resulte francamente imposible determinar qué quiere decir ese “nosotres”.

Es una discusión pequeña y de tribuna futbolera que en su efecto cascada no solamente arrasa con el pensamiento y el disenso, sino que se lleva puesto cualquier gesto por darle forma a una subjetividad que no cuelgue del discurso oficial, de la chicana barata, del amparo (jurídico o sentimental) de aquel que sería del bando propio.

Mientras tanto los sensatos de turno creen que el problema pasa por la falta de diálogos y consensos frente a los fanatismos o las crispaciones como se las llamó hacia el final del último gobierno de la actual vicepresidenta; esas gentes suponen que si de verdad fuésemos más razonables las cuestiones hallarían su cauce, y por fin tendríamos lo que pomposamente se da en llamar políticas de Estado, de largo aliento.

Para quienes creemos que el Estado es el artefacto que garantiza el statu quo, la lógica de las jerarquías, el organigrama de los especialistas y la representación y, en definitiva, la mera gestión de lo dado, no es esa una fórmula que justamente nos tranquilice o nos regale certeza alguna.

Como muestra de las acciones y pensamientos de estas almas nobles que tratan de saltarse la cerca entre las fuerzas partidarias mayoritarias como son el peronismo y la alianza Cambiemos, bien vale apreciar la formidable avanzada extractivista que se abate en forma de megaminería (en Catamarca y Chubut), de los agrotóxicos (en Entre Ríos), de factorías de cerdos (por ahora en Chaco, pero con proyección nacional). Y en tal sentido es fenomenal apreciar de qué manera los partidos del sistema ya sea en el gobierno o en la oposición, estén éstos caracterizados como “nacionales y populares” o “liberales”, acompañan la voracidad sobre territorios y poblaciones, queriendo convertirlo todo en mercancía y colocando a las personas como objetos a ser removidos allí donde no molesten, donde no interfieran con los planes de desarrollo, apelando a las únicas herramientas que el modelo encuentra para sostenerse, pagar deuda, volver a endeudarse y así continuar esa noria sin final.

En esos lugares, como antes en Mendoza, Jáchal o Famatina, en las incontables luchas de las organizaciones campesinas contra la sojización y el corrimiento de la frontera agrícola, en cada pelea contra la contaminación y la precarización de la existencia (por ejemplo en Barrio Ituzaingó o en Barrio Sur de la capital cordobesa contra la planta de Porta Hermanos, ambas en dicha provincia del centro del país) o resistiendo los incendios intencionales como los que asolaron los humedales o la Comarca Andina, las comunidades se organizan y se levantan dejando al descubierto el pacto que por arriba reúne a los dueños del mundo con sus amanuenses locales listos para la entrega y la genuflexión.

La voracidad de estos planes que comenzaron en la década del ’90 con los gobiernos del difunto Carlos Menem se han mantenido por más de 30 años sin importar quién ocupara la Casa Rosada o los mandos provinciales o comunales, para así configurar un mapa del saqueo y la rapiña que exhibe que no todo es ingeniería financiera en la reconversión de la barbarie capitalista.

Pero mientras el plan criminal no da respiro ni se tomó vacaciones en pandemia, las resistencias –aunque específicas y parciales– tampoco descansan y lenta pero consecuentemente van desenmascarando la trama entre empresas y gobiernos que involucra a la totalidad del aparato estatal, incluyendo obviamente a las fuerzas represivas. Aunque desde el prisma citadino y desencantado por momentos cueste mensurar el impacto y alcance de esas luchas territoriales, basta abrir los ojos para percibir que algo se agita por arriba. De lo contrario, no debería salir prestamente el periodista José Natanson (director de Le Monde Cono Sur, cuyo editor es el magnate farmacéutico Hugo Sigman, uno de los abonados al negocio de las vacunas contra el coronavirus) a hablar de “ambientalismo bobo” en la pantalla oficial de C5N (1) ola florida producción narrativa de Anfibia no habilitaría a Eduardo Crespo (Doctor en Economía y profesor en las universidades de Río de Janeiro y Moreno) para que debute en sus huestes escribiendo, por ejemplo, que “el ambientalismo radical, es un movimiento carente de rigor científico, irresponsable en materia social y política, despreocupado por la producción y apático con cualquier restricción de naturaleza económica”. Con el mismo énfasis (y tal vez por el mismo precio) Crespo se pregunta: “¿Argentina debería renunciar a la minería, resignándose a importar insumos minerales de otros países, y a generar puestos de trabajo en blanco y que además son de los mejores pagos de la economía (sí, la minería hoy paga promedio en torno a $200.000 de salario, y en blanco)?”.

 

A la grieta se va en barco

Mientras el poder no ceja en la versión siglo XXI de sus espejitos de colores coloniales y tiene sus voceros doctorales y razonables, desde México y no justamente por imperio de la progresista gestión de Manuel López Obrador, la denominada Gira Zapatista con su Escuadrón 4.2.1 (cuatro mujeres, dos hombres y un otroa, todas pertenecientes a las comunidades indígenas que son parte del movimiento) zarpó en el barco La Montaña en una “Travesía Por La Vida. Capítulo Europa” que recorrerá una treintena de regiones y, según se consigna en los comunicados, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) permitirá que “l@s delegad@s zapatistas se encuentren con quienes nos han invitado para platicar sobre nuestras historias mutuas, dolores, rabias, logros y fracasos”. 

Para conocer más de algunos de esos encuentros y, de paso, dimensionar el carácter depredador global de esta fase del capital, bien vale este aporte que el sociólogo mexicano y adherente zapatista Raúl Romero hizo al programa “Después de la Deriva” (FM La Tribu), al contar que la comitiva zapatista enlazará, por ejemplo, “con el pueblo originario sami vinculado con el pastoreo de renos que en Noruega han sido despojados de sus territorios por el petróleo, la energía eólica y el tren ártico, del mismo modo que visitará a las comunidades italianas que resisten a la construcción de un gasoducto que viene desde Azerbaiyán, a las mujeres griegas que defienden el bosque contra la minería, grupos en Londres que se oponen a un tren de alta velocidad que amenaza a las poblaciones conurbanas de la ciudad, y las organizaciones francesas que se opusieron a la ampliación del aeropuerto Charles de Gaulle. En definitiva, se da una defensa de la territorialidad que no solo es indígena, sino con una conciencia que parte de un ecologismo popular y anti-capitalista”.

En otras de sus declaraciones públicas silenciadas y ninguneadas por los medios hegemónicos (de los poderes privados o estatales) los zapatistas expresaron “Nosotros pensamos que el dolor de la crueldad capitalista seguirá haciendo estragos no sólo en la cultura de los pueblos minoritarios sino en todas y todos los que hoy somos minoritarios y objetos de desecho dentro de su criminalidad. En su proceso de resistencia y organización, las y los zapatistas saben que el capitalismo tiene que ser destruido, no mejorado, ni maquillado”.

Con esa premisa, el zapatismo navega gozosamente en la grieta real que no es aquella que vociferan los patéticos garantes del circo electoral argentino y sus seguidores de cotillón, sino la que enfrenta la humanidad toda y queno tiene que ver con los dueños del poder queriendo seguir la faena de exprimir toda la riqueza que sea posible al costo que sea, sino la de la inmensa mayoría de esa misma población por arrancarse las asimiladas nociones de productividad y consumo, esa demoledora máscara subjetiva que nos lleva a un hacer sin medida ni lógica y que aún nos impide preguntarnos cómo queremos vivir.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=qFK3EoSXVt8

(2) http://revistaanfibia.com/ensayo/las-contradicciones-del-progresismo-naif/

* Periodista, trabajador de la agencia de noticias Télam, es integrante del colectivo radial que hace “Después de la deriva” en FM La Tribu, integró el colectivo de la revista Devenir, dedicada a las luchas del presente y a opciones de pensamiento emancipativo.