Santiago Maldonado

Episodio LIV

(Este texto es un adelanto de un breve ensayo titulado “La tierra y Santiago Maldonado. Tres informes”, que formará parte del libro Meditaciones sobre la tierra, compilado por Adrián Cangi y Alejandra González, Red Editorial, 2020).

“La autopsia no es la madre de las pericias”
Enrique Prueger

Un cadáver puede ser materia de verdad para la medicina y el poder judicial, pero la verdad en política es más compleja. Que los cadáveres hablan es un berretín de los fanáticos de series protagonizadas por peritos forenses. En este caso, no es precisamente el cadáver de Santiago Maldonado el que tiene que dar explicaciones, ni decir más de lo que ya dijo con sus gestos en vida. Son los acusados por un crimen de Estado los que le deben a la sociedad, como mínimo, su palabra y su disponibilidad judicial: la Gendarmería, los funcionarios del Ministerio de Seguridad, comenzando por Patricia Bullrich e incluso el ex presidente de la nación.

La ficción mediática y la imaginería social inmediata actuaron de manera larvaria en relación al prestigio inflamado del saber médico. Se usó la autopsia espectacular al cuerpo de Santiago Maldonado como un tribunal prematuro. ¿Se trata, entonces, de cuestionar las capacidades enunciativas de una autopsia sobrecustodiada? De ninguna manera. Lo que cuestionamos es la reducción de un complejo caso que toca sensibles fibras de nuestra vida colectiva y de nuestra historia reciente, a un terreno convenientemente aséptico y despolitizado. Y lo que un determinado terreno deja crecer o no son preguntas fundamentales.

Como las autopsias pretenden, mediante una reducción del tiempo, del paisaje y de lo vivo mismo, convertirse en el signo y, si es posible, en el relato de algo sucedido, no es descabellado someter a una autopsia a sus propias reglas, convirtiéndola, a su vez, en objeto de una nueva pericia, una autopsia de la autopsia. Finalmente, el encadenamiento de variables que fluye en el plano de lo infinitesimal nunca será –no podrá serlo– recompuesto en su totalidad. De hecho, incorporando algunas variables a la autopsia para, luego, incorporar algunas variables a la causa judicial, se abre otra perspectiva que modifica sustancialmente las condiciones del proceso judicial irregular –hoy día declarado nulo– que pretendió asesinar a Santiago Maldonado por segunda vez.

El cuestionamiento de la autopsia como instancia decisiva y, al mismo tiempo, su replanteo, supone una complejidad que contrasta con la simplicidad de una versión encubridora, eficaz en los medios de comunicación y “comprada” incluso por algunos sectores del progresismo. Por un lado, tras la reapertura de la causa, seis jueces admitieron en distintas instancias que el análisis de la autopsia no arroja respuestas. Ello no significa necesariamente que los peritos actuantes se hayan equivocado o que la mala fe se haya colado entre sus conclusiones. Lo que hoy confirman los jueces de distintas instancias es que esa autopsia quedó incompleta y sesgada por la interpretación del Juez Lleral, cómplice de las irregularidades de una causa cuyo fallo final da cuenta de la direccionalidad que el gobierno de Cambiemos le imprimió al proceso –un fallo que coincidió con la organización del G-20 en Buenos Aires, en un contexto de zona liberada para el espionaje a periodistas y activistas por parte del gobierno. Tras citar burdamente a Aristóteles en el fallo, el juez y filósofo barato Gustavo Lleral reconoció a la madre de Santiago Maldonado que fue “presionado” para cerrar la causa. Todos los cañones, esta vez, apuntan a Patricia Bullrich y, por transitividad, a Mauricio Macri.

La investigación que de manera independiente llevó a cabo Enrique Prueger, un criminólogo de reputación internacional, especialista en autopsias, señala un alarmante inventario de flojeras de una autopsia realizada a través de una pantalla (solo dos de los veinticinco peritos tuvieron contacto con el cuerpo) por parte de profesionales, algunos de ellos muy reconocidos, pero que no tuvieron tampoco contacto con el lugar en el que se produjo la represión ilegal por la Gendarmería, la desaparición forzada y la aparición sin vida de Santiago Maldonado. Son muy importantes esas definiciones, en función de la continuidad de la causa, ya que en su momento el juez Lleral le negó a la defensa exponer sus dudas, así como sistemáticamente se negaron pruebas y testimonios que a primera vista abonaban la hipótesis de la desaparición forzada.

En una suerte de conferencia que realizaron a través del dispositivo de video en vivo de la red social Facebook, hace al menos un mes, Sergio Maldonado (hermano de Santiago), Verónica Heredia (su abogada) y Enrique Prueger (el mencionado criminólogo), despuntaron los elementos vacantes de la autopsia y de la investigación necesaria. Había algo más de 500 personas conectadas. Eso, hoy día, se llama soledad; y es desde esa fragilidad que Sergio Maldonado y la abogada Verónica Heredia (experta en violencia estatal) sostienen con toda firmeza la lucha por una justicia que nos concierne en lo más medular de nuestra historia reciente y de la otra también. Esa soledad no está sola.

Enumeramos con breve descripción solo algunos de los puntos que, a partir del análisis crítico de la autopsia y variables que fueron dejados de lado, trató Enrique Prueger desde la Universidad Nacional de Río Negro, conjuntamente con especialistas de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Tecnológica Nacional.

  • El principal argumento que se utilizó para justificar el relativo “buen” estado del cuerpo de Santiago Maldonado es la crioconservación (menos de 90°C bajo cero); sin embargo, según los mencionados especialistas, en los ríos patagónicos no hay crioconservación. La temperatura del agua un día similar al que desapareció el cuerpo de Santiago Maldonado es de aproximadamente 6°C –mientras que en la autopsia trabajaron con una temperatura promedio de 3,9°C. Según el informe de Prueger, citando la misma bibliografía utilizada por los peritos de la autopsia, la data de la muerte a esa temperatura no podría pasar los 20 días; de modo que, si el cuerpo hubiera permanecido 78 días en el agua, como presumió el juez Lleral en su fallo, no podría haberse encontrado en el estado en que se encontró.
  • Declaran en el informe de la autopsia oficial que le tomaron las huellas dactilares para identificarlo. Pero semejante posibilidad es negada en los propios libros o por papers de algunos de los peritos de la autopsia, ya que, según sostienen, la piel se desprende entre los 20 y 30 días de exposición al agua (o a una cierta densidad de humedad).
  • El informe de la bióloga y palinóloga (analista especializada en el estudio de polen y esporas, vivos o fósiles) Leticia Povilauskas, donde se analizaron las prendas de Santiago Maldonado y su relación con el entorno vegetal del río Chubut demuestra que se hallaron granos de polen pertenecientes a Austrocedrus chilensis(ciprés), coníferas de zonas boscosas ausentes por kilómetros a la redonda (las márgenes del río están pobladas predominantemente por sauces). No solo no hay forma de explicar la presencia de ese tipo de polen en la vestimenta, sino que el polen no puede permanecer más de 20 o 30 días en ropa de nylon. 
  • De acuerdo a la fauna del lugar (nutrias, hurones, peces, cangrejos) el cuerpo debió ser repetidamente atacado, pero no hay rastros de ello. El cuerpo apenas presentaba vestigios de degradación. Incluso, los investigadores independientes colocaron como prueba en el mismo lugar 1 kilo de carne y en dos semanas no quedó nada. Las imágenes son brutales, cierto, pero representan apenas un cosquilleo ante el crimen de Estado pensado como totalidad.
  • Desde un punto de vista científico, las lesiones producidas por el frío, a nivel médico, se observan en los cartílagos, en las epífices (extremos) de los huesos, mientras que el informe de la autopsia indica que “ha padecido frío” y que esas lesiones en el cuerpo de Santiago Maldonado aparecen solo hasta la altura de las rodillas. “Entonces que me expliquen cómo hace uno para ahogarse con el agua hasta las rodillas”, se sorprende Prueger.
  • La ropa estaba intacta. ¿No luchó? ¿No hizo movimientos desesperados? ¿No hubo posteriormente rozamientos de ningún tipo? La rosa mosqueta que se interponía en su supuesto sendero hacia el río habría dejado claras marcas. Además, la parte de ropa de algodón fue encontrada en perfecto estado, cuando el algodón a los 30 días se disuelve. Luego, las zapatillas estaban impecables y con barro no verificado en las suelas.
  • La profundidad del río en agosto no excedía los 50 cm. De hecho, en los videos de los rastrillajes de los buzos se observa claramente cómo chapotean en el agua forzando su horizontalidad, ya que no hay profundidad. El testimonio de Nora Cortiñas, presente durante dos de los cuatro rastrillajes, es también elocuente en ese sentido. Y así lo expresó en la apelación cuando testimonió por la Comisión Provincial por la Memoria.
  • En la autopsia no especificaron la cantidad de muestra que toman para determinar las diatomeas ni las diatomeas que encuentran. Los médicos dijeron que se murió de frío antes de que el torrente sanguíneo las traslade hasta le médula. La Dra. Sara Maldonado (investigadora principal de CONICET, Laboratorio de Biología del Desarrollo de las Plantas), fallecida recientemente, quien había sido docente de varios de los peritos presentes en la autopsia, se refirió a las diatomeas o microalgas halladas en el cadáver, incorporando información y dudas decisivas a los fines de seguir investigando. Todo desestimado por el juez “presionado”.

                       

La autopsia, no sólo no arroja resultados, no logra establecer la fecha del fallecimiento y procedió en condiciones de contaminación de pruebas. Para colmo, apenas realizada, un médico vendió fotos del cuerpo a un policía que las viralizó como gesto de impunidad y maltrato hacia Santiago Maldonado y su familia. El médico fue recientemente condenado por el poder judicial. Inmediatamente, los medios dieron la noticia: “se ahogó”. El cuerpo había aparecido un 17 de octubre, fecha en que recordamos cómo los cuerpos despreciados, ninguneados, sobreexplotados, atravesaron la barrera de un régimen perceptivo y político para volverse actores históricos, políticos. Pero la disputa es permanente y, el 17 de octubre de 2017, fueron los poderosos y un sentido común antipopular y fascistoide quienes se mostraron triunfantes. Curiosamente, en plena semana electoral…. Se votaba el domingo. ¿Un desaparecido volvía más pesadas que de costumbre las boletas electorales? Por otra parte, ¿es tan sencillo decir que un desaparecido en condiciones de represión ilegal por parte de una fuerza de seguridad, simplemente se ahogó? Los medios de comunicación encubridores, en lo que les tocó, de la desaparición forzada seguida de muerte pusieron todos los “fierros” en beneficio de un gobierno que aún es investigado por un crimen de Estado y lo favorecieron ese domingo que fue ganado por la banalidad del mal… o incluso “la banalidad del bien”, como reza el título del libro de nuestro amigo Hernán Sassi. Pero no se puede culpar a los medios, es mejor preocuparse por el fascismo latente de quienes se pretenden “apolíticos”, los que se preguntaban “qué hacía el hippie ese ahí”.      

Algunos sectores “progresistas” se contentaron con la participación de peritos reconocidos por su tradición e incluso llamaron a hacer un mea culpa a los organismos de derechos humanos que se habían excedido en sus definiciones y su desconfianza. ¿Estarán pensando seriamente en la mentada “reconciliación” de la sociedad sobre un fondo de olvido de la latencia criminal de un Estado que, sin control civil y movilización callejera y de otros órdenes, reincide en su capacidad de escarmiento? 

Patricia Bullrich y Pablo Noceti, quien fue su mano derecha en el Ministerio de Seguridad, fueron imputados por presunta persecución a las comunidades mapuche, en favor de los grandes propietarios de la zona, aliados políticos del gobierno de Cambiemos. Pero el accionar delictivo de la ex diputada menemista y ex ministra de la Alianza y de Cambiemos se da en varios niveles, siempre en el marco de un crimen de Estado. El personaje que se dedicó a provocar a los familiares de Santiago Maldonado, que los mandó a espiar, interviniendo sus teléfonos, que bailó sobre el cadáver del presuntamente asesinado por el accionar de la fuerza que ella debió conducir como civil –en lugar de arengar militarmente a pasar por encima de los habitantes y a reprimir–, pertenece a una de esas familias que alimentaron la acumulación originaria de la oligarquía argentina. Las familias “originarias” urdieron, como en todo origen, a sangre y fuego el poderío que aún hoy ostentan.


* Ensayista, docente, editor. Enseña Historia Social Argentina en la Universidad Nacional de Avellaneda y Comunicación Social y Psicología Institucional en la Universidad Nacional de José C. Paz. Codirige Red Editorial junto a Rubén Mira. Publicó Filosofía para perros perdidos. Variaciones sobre Max Stirner (Junto a Adrián Cangi, 2018), Papa negra (2011), Globalización. Sacralización del mercado (2001), Linchamientos. La policía que llevamos dentro (comp. Junto a Adrián Cangi, 2015). Conduce y coproduce “Pensando la cosa” (Canal Abierto).  Editó junto a Bruno Napoli La Chispa. Contra el latifundio, contra el hambre, contra la injusticia de Osvaldo Bayer y en continuidad Osvaldo Bayer: periodismo a martillazos, que incluye intervenciones de Christian Ferrer y Horacio González pensando la vinculación del primer viaje de Bayer a Esquel y el acompañamiento de Santiago Maldonado a la lucha mapuche, así como también una entrevista a Sergio Maldonado.


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