Superficies de placer

Episodio XIII

Flor P.

Con las amigas – y siempre respetando el aislamiento social obligatorio- logramos establecer un sistema de cuidado y acompañamiento en cual aparecen una serie de mantras cuarenteneros: “no te sobreexigas”; “este es un tiempo excepcional, se hace lo que se puede”; “sé piadosa con tu cuerpo y date todos los gustos que quieras, ya habrá tiempo para todo lo demás”.

La pregunta por esta serie de cuidados es por qué nos lo permitimos en un momento en el cual se para la producción mundial, ciertamente otro hito en la historia, y ¿por qué no somos capaces, con el mismo énfasis, de sostener esta piedad hacia nuestros cuerpos cuando estamos atrapadas en el engranaje productivo?

¿Por qué cuando producimos en condiciones “normales” nos sobreexigimos, recurrimos a diferentes tecnologías para volvernos más eficientes y eficaces, nos rompemos y más temprano que tarde nos volvemos a enchufar lo que sea para, enclenques, seguir produciendo?

En esos contextos productivos nos consolamos mutuamente argumentando que la causa de nuestros padecimientos está directamente vinculada con las lógicas de producción y auto-reproducción de la vida, pero poco o nada hacemos por modificarlas.

Lo que esta cuarentena nos permitió – como dicen los amigos, a muchos de nosotros privilegiados- fue detener nuestros tiempos, nuestros ritmos frenéticos y atolondrados y lidiar con nuestros cuerpos y sus/nuestros pensamientos, ver que ante la inevitabilidad de ciertos acontecimientos, otros mundos, forzosamente, son posibles. No creo que mejores, sino otros.

¿De qué seremos capaces luego de esto? Probablemente luego de una sobredosis de Tik Tok salgamos alienados a reproducir lo mismo de siempre y aún peor.

O quizás podamos restituir algo de la piedad del cuidado mutuo que nos abrigó en esta cuarentena y cuando nuestros cuerpos sean devueltos a la maquinaria conservemos la memoria de esas alianzas que tramamos en tiempos excepcionales para escamotearle algo de nuestra existencia a las demandas del sistema.

Juan

1. Cambio de mando:solíamos vivir en un ensamble de tres temporalidades: la orgánica (tiempos del cuerpo y la naturaleza), la maquínica (la productividad de la ciudad) y la conectiva (tiempo de las pantallas). Una hegemoniza y las otras acompañan. Con el monumental apagón, la segunda se desaceleró y la tercera pareciera estar tomando la posta. En efecto, desde que comenzó todo esto no hemos hecho otra cosa que estar acá adentro, conectados. Para afrontar la crisis de la pandemia, emisión de signos y emisión monetaria.

2. ¿Cuidar qué?:o te cuida el mercado, o te cuida el Estado, o nos cuidamos nosotros. Son las tres posiciones en pugna. En cualquier caso, se vuelve bastante claro el cuidarnos “de qué” (el virus) al mismo tiempo que se torna borroso el “qué cuidamos”. O sea: ¿qué sería “lo a cuidar”? ¿La salud, la vida? Pero qué quiere decir eso, quién habla en nombre de qué vida. Mi impresión es que pareciera darse por hecha algo así como una escala moral de valores de objetos de cuidado, que convendría revisar.

3. Volver:si esta pandemia nos va a hacer mejores o peores; si para cuando volvamos vamos a haber aprendido algo o vamos a volver más miserables de lo que ya éramos antes… He ahí la dicotomía que se escucha. Lo que el planteo supone, me parece, es que algo quedó en pausa hasta que vuelva a presionarse el botón de play. La sensación que tengo es que la cinta directamente se disolvió y la pregunta sería: a dónde se vuelve cuando ya no es tan claro que haya un lugar conocido al que volver.

Posdata

Nunca estuvimos menos solos que durante esta cuarentena. Es mi sensación, al menos. Es como si, apenas bajada la perilla de la normalidad, con el refinamiento de la temporalidad conectiva indoor rápidamente se hubiera activado un protocolo de sobreestímulos y ocupaciones, direccionado a maximizar y extraerle una ganancia a cada minuto del confinamiento. Googledocs con listas de películas y libros liberados, proyectos pendientes para retomar, consumo de tips para meditar, tips para llevar un diario, para usar el tiempo, para hacer actividad física, para ordenar el armario, oferta de terapias, cursos y clases por streaming, reuniones de amigos por zoom, laborales por skype, constelaciones, mil aulas virtuales, tarot, carta astral… Cuando llegue el momento de salir, estaremos agotados, auto-endeudados. Necesitando una cuarentena de la cuarentena. La cuarentena adicional.

Posdata II

Los verduleros son los nuevos sojeros. Los infectólogos, los nuevos encuestadores. Los filósofos profesionales, los nuevos periodistas deportivos: horas de aire llenando programación con pronósticos, opinión, análisis… Pero iba a esto: ¿no es un poco riesgoso que, así como hay mono-tema, se le ceda tanto terreno a una mono-interpretación de “la vida”? ¿Qué vida es esa a salvar y cuidar? ¿Una entendida como existir o durar? ¿Qué sentidos afirmativos del vivir aparecen? Hasta aquí, sólo negatividad: no-enfermarse, no-morirse, no-hacer colapsar… Con «la economía» pasó algo similar. ¿Qué economía? Digo, porque si hubiera una economía que pusiera en el centro a la vida, entonces no habría que andar priorizando tanto.

Flor C.

“El peligro real de cada nuevo brote es el fracaso o, mejor dicho, la negativa oportuna a comprender que cada nuevo Covid-19 no es un incidente aislado. El aumento de la incidencia de los virus está estrechamente vinculado a la producción de alimentos y a la rentabilidad de las empresas multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de la agricultura y, más concretamente, de la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo. Más bien lo que prima es todo lo contrario. Cuando surgen nuevos brotes, los gobiernos, los medios de comunicación e incluso la mayor parte del establishment médico están tan centrados en cada una de las emergencias que descartan las causas estructurales que están llevando a múltiples patógenos marginales a volverse celebridades mundiales en forma repentina, uno tras otro”.

Rob Wallace

Virus de la muerte
Vamos a mimir
Estado de excepción
en cuarentena
alcohol en gel.
Fármaco-porno-grafía:
Mercado Libre:
#Quédate en casa
total
globos nos sostienen.

Mejor hacerse los boludos.
Mejor no pensar que deforestación
como cáncer a nivel planeta
Y que si cáncer entonces gripe 
y entonces riesgo
y entonces viejo?

Vos viejo qué onda? 
Que pululás porque no podés
no caminar
que no entendés
de homebanking ni de bitcoins ni de trap
y que tenés miedo
pero que no lo decís y que entonces, prendés la tele
y la apagás y no sabés
qué más hacer si no es trabajar.
Qué onda vos que fuiste educado para producir
y que ahora también toca sentir?

Acá, quienes prioricen la economía
serán del futuro, los prestamistas. 
Los ejércitos de jóvenes extranjeros exitosos
-en nombre de la fuerza de sus fozas-
serán capaces de pulsar
el reseteo de la economía mundial
¡las finanzas más macro que jamás te imaginaste!
de un tesoro sin respaldo.
Todo a cero. El colapso dicen
puede ser solo la pantalla.
Onda, nuevas excusas 
para el confinamiento 
de los países que mejor 
hayan resistido a la muerte
y hayan jugado la carta 
de la cooperación. 

La captura no será ya de la fuerza
-del trabajador no ya no-
sino de la fuerza vital de lo vivo 
detodolovivo? 
Entonces,
que gire de nuevo la ruleta y
que la fuerza esté con todes nosotres. 

Propongo una teoría del compost,
como una posible
tierra fértil del pensamiento.

Repasemos juntos el peligro del monopolio 
de la manufacturación de los respiradores o
simplemente
el peligro del monopolio. 
Escuché que a los barbijos se les dice 
tapabocas. Pienso que no 
que no deberíamos llamarlos así. 
También me pregunto dónde está
la descarga gratuita 
de los Start up enlatados
para el desarrollo de kits de supervivencia.

La “prueba piloto” del distanciamiento social, 
para chequear que tenemos un pueblo bien adoctrinado, 
se realizó con la población de mayor riesgo, 
viejos y bancos, son como sinónimos. 
Uno dijo “no queda otra” 
se refería
a aprender a usar 
la tarjeta de débito.

¿Por qué no pusimos el cuerpo-ahí
en esas colas? 
Ni un wasap, ni una sola convocatoria de flyer improvisado.
¿La militancia partidaria 
casi orgánica a la propagación de la pandemia?

Quienes caen por fuera de lo customizable 
quienes no pueden ser capturados por la big data,
quienes no son alcanzados por las métricas
quienes -aún sin saberlo- 
portan valores de resistencia 
todos ellos
son víctimas.

Mientras tanto, los demás 
vamos a mimir

¿Y si fuera de otro modo?

Diego

No hace miau, miau.

La vagancia no opina, no está politizada, no twitea, no es cheta. No es cheta posta. No puede quedarse adentro, no puede evitar comprar, saludar, ir al kiosco de Raquel, estar cerca. Vaga estirando los límites más allá de lo posible, se acerca a la estación, busca nota en otros barrios. No hace caso.


No denuncia, nunca lo hace. Resuelve por su cuenta o mira para otro lado. La vagancia no balconea, no espera a las 21, no aplaude, no cacerolea. Tampoco defiende a millonarios. Ni vigilante, ni condescendiente. Ni gila, Ni ortiba.  Se lava las manos, limpia las Nike, se viste bien cheto, camina piola.


La vagancia fabula como forma de atacar la realidad, de desarmar el entramado médico, mediático, estatal. Fabula con carpa. Inventa historias que casi que pasaron, pavea, hace juego de palabras, pone apodos, se ríe fuerte. Chatea con los que perdieron, pregunta qué necesitan, cuida a sus madres, ejerce la solidaridad sin tanto cartel. 

No se banca a los cobani en la entrada al barrio, no se banca como están ahora: tan serios, tan limpios, tan creyéndose corte Robocop, tan desmemoriados de la que hacían hace unos pares de semanas. Ni chorizos, ni policías, menos que menos gatos del plan, de esos que van a cortar zapallo y papa para los guisos que hacen los milicos en los bloques. La vagancia no hace miau, miau. Ni antes, ni ahora, ni nunca. 

*

Florencia Podestá: Licenciada en Periodismo (UNDAV). Docente de Estéticas Contemporáneas e investigadora en la Universidad Nacional de Avellaneda. Trabaja sobre problemáticas de la comunicación, del feminismo y la crítica cultural.  

Juan Sodo: Ensayista y guionista. Doctor en Comunicación (UNR). Docente en la Universidad Nacional de San Martín. Desarrolla algunas piezas de humor junto a Sergio Lánger, y se dedica a problemas de subjetividad contemporánea. 

Florencia Carbajal: Licenciada en Filosofía (UBA). Fue docente e investigadora. Trabajó en organizaciones con personas en situaciones de vulnerabilidad social. Fue Directora General de Planificación y Coordinación de Programas Sociales de la Secretaría de Desarrollo Social de Quilmes. Es facilitadora de Círculos de Mujeres y terapeuta menstrual. Preside MeLuna Argentina S. A. (de copas menstruales).   

Diego Valeriano: nombre nacido de la escritura, de alta participación política en las redes, publicó numerosas intervenciones en el blog Lobo Suelto! Y últimamente en La Tinta y  campodepracticasescenicas. Es autor de Eduqué a mi hija para una invasión zombie (90 Intervenciones, Red Editorial, 2019).


IGNORANTES es una revista de contenidos en formatos imprevistos ligada con la actualidad desde la incertidumbre y la pasión política.